La Biblia dice en Proverbios 12:16

“El necio a punto da a conocer su ira; más el que no hace caso de la injuria es prudente.”

Este texto es traducido por la Biblia de América así: “El necio manifiesta al instante su ira; el prudente disimula la ofensa.” La Biblia Dios Habla Hoy lo hace de la siguiente forma: “El necio muestra en seguida su enojo; el prudente pasa por alto la ofensa” y la Biblia de la iglesia de América así: “El necio hace brotar su ira de inmediato, pero el prudente no hace caso a la ofensa.”

Salomón no está diciendo que no nos enojemos porque en realidad todos los seres humanos nos molestamos. Lo que el rey sabio de Israel nos esta tratando de hacer entender es aprender a manejar además de la ira, las ofensas, las injurias y toda aquello que lastima nuestro orgullo.

El autor de los Proverbios dice que un necio se enoja de inmediato cuando alguien lo ofende y lo contrasta con el hombre prudente que en lugar de molestarse ignora las ofensas porque sabe que el enojo puede desatar una grave problema del que después puede ser muy difícil arrepentirse.

Enojarnos por las ofensas revela de inmediato nuestro carácter necio, insensato e imprudente y eso lo quiere evitar la palabra de Dios al indicarnos que debemos evitar que brote como manantial nuestra necedad ante los ojos de los demás que de inmediato se percatarán de nuestras debilidades.

La recomendación de Salomón es que no hagamos caso de esa clase de palabras y las pasemos por alto. Al final de cuenta nada molesta más que se ignorado. Contestar una ofensa no es muy sabio porque nos rebaja al mismo nivel de quien la profiere y al hacerle caso ha ganado la primer batalla.

Enfrascarnos en una discusión por los insultos que profieren contra nosotros nos resta energía y tiempo. Además de que nos daña porque no hace perder nuestra paz y tranquilidad tan valiosas para llevar una vida en calma con nuestros seres queridos y también nos exhibe como seres necios.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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