La Biblia dice en Santiago 1: 7

“Quien es así, no crea que va a recibir nada del Señor.”

La epístola de Santiago es una de las primeras cartas del Nuevo Testamento que empezaron a circular en el primer siglo de nuestra era. Fue escrita bajo un riguroso estilo de doctrina-ejemplo o ilustración, para hacer más comprensibles las enseñanzas que a juicio el autor la iglesia primitiva necesitaba en los prolegómenos del cristianismo. 

Y el primer tema de la obra es precisamente el de las pruebas. Las dificultades que tuvieron los creyentes de la iglesia de Jerusalén y otros lugares, merecieron unas palabras de ánimo y advertencia de Santiago. Les dijo que se alegrarán por las pruebas y si no entendían su origen y objetivo, le pidieran a Dios sabiduría y de esa forma liga otro tema. 

Pedir a Dios o suplicar a Dios su intervención para dotarlos con sabiduría de lo alto lo debían hacer con fe. No debían dudar porque la duda, parienta cercana de la incredulidad, los descalificaba absolutamente para recibir del Señor todas las respuestas que se necesitan a determinadas oraciones. 

Una persona que duda, dice el autor de la carta, es como una ola del mar, que el viento lleva de un lado a otro. La duda arrastra de un lugar a otro a una persona. Es un ser sin firmeza, sin convicción, sin fuerza para pararse ante las adversidades de la vida y en consecuencia débil completamente. 

Santiago dice claramente que esa clase de personas no van a recibir nada de parte del Señor. En otras palabras, se quedarán con las manos vacías. Para ellos no hay ni habrá nada y no porque el Señor no tenga con que llenar sus manos, sino porque la duda e incredulidad los incapacita para recibir de parte del Señor. 

Para la iglesia del primer siglo la fe y confianza en el Señor eran fundamental. No se concebía, como no se debe concebir hoy en día, a un seguidor de Jesús sin la seguridad de que Dios siempre escucha y responde. Aunque tarde, Dios siempre se las arreglará para atender nuestra peticiones. 

Dios es generoso para darnos sabiduría y otras tantas bendiciones, solo nos pide quitarnos la duda que nos arrebata la firmeza que necesitamos para esperar el cumplimiento de las promesas de Dios. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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