La Biblia dice en Hechos 21:24

“Llévalos contigo, purifícate junto con ellos y paga sus gastos, para que ellos puedan hacerse cortar el cabello. Así todos verán que no es cierto lo que les han dicho de ti, sino que, al contrario, tú también obedeces la ley.”

Este fue el consejo que los líderes de la iglesia de Jerusalén le dieron al apóstol Pablo que llegó a la capital de Israel luego de tres viajes misioneros en los que se había entregado por completo a la predicación del evangelio a los gentiles y sobre su persona pesaba la grave y falsa acusación de predicar contra Moisés, una herejía que se castigaba con muerte.

Por ello, le pidieron que se uniera a cuatro hombres, que por esos días concluían su voto de nazareato, una prescripción mosaica que permitía que de manera voluntaria hombres y mujeres consagraran su vida a Dios por determinado tiempo. En el caso de los varones se dejaban crecer el cabello y al concluir su compromiso se rasuraban.

Aunque ese voto no entró en los mandamientos que los gentiles debían cumplir, a Pablo le pareció que en un gesto de buen voluntad y expresión de su respeto irrestricto a ley judía podía cumplir con este voto que incluía la presentación de ofrendas reguladas en el libro de Números.

Pablo había ya discutido con Pedro y Bernabé por los judaizantes que pretendía que los gentiles se circuncidaran y les había reprochado su conducta poco solidaria con los no judíos y lo hizo porque estaba convencido de que la iglesia e Israel eran dos entes diferentes y cumplir con el voto del nazareato podía ser tomado como un retroceso en la doctrina.

Sin embargo, el radical y convencido Saulo de Tarso cedió y cumplió con una obligación del Antiguo Testamento para enseñarnos que siempre podemos hacer algunas concesiones en nuestra fe con tal de mostrar que nuestra vida espiritual busca la concordia, pero sobre todo para mostrar que nuestra fe no viola ninguna clase de ley humana.

Pablo aceptó la propuesta que le hicieron los líderes de la iglesia de Jerusalén y a pesar de su concesión lo persiguieron de todas formas, pero quienes se exhibieron como intolerantes fueron ellos y él quedó como una persona sensata que si bien no estaba de acuerdo con las prácticas de la ley para los gentiles pudo hacer a un lado esa idea y buscó convencer a sus detractores.

Los cristianos debemos ser radicales en lo esencial, pero en lo secundario, en aquello que no compromete nuestra conciencia delante de Dios, podemos transigir.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

1 COMMENT

Deja tu comentario