La Biblia dice en 2º Reyes 10:23

“A continuación Jehú y Jonadab entraron en el templo de Baal y Jehú dijo a los adoradores de Baal: Procuren que no haya entre ustedes adoradores del Señor, sino solo adoradores de Baal.”

Los profetas Elías y Eliseo tuvieron una seria, desgastante y permanente confrontación con los profetas de Baal. El culto de esta deidad cananea se había instalado en Israel con tal fuerza que no solo había seguidores de ella, sino sacerdotes y templo que guiaban su culto desviando el corazón de miles de hebreos.

Cuando Dios le ordenó a Eliseo que ungiera a Jehú como nuevo rey del reino del norte, en lugar de Joram, hijo de Acab, uno de los monarcas más pervertidos de ese reino y promotor incansable del culto baálico junto con su esposa Jezabel, envió a uno de los profetas que estaba con él para esta misión.

Una vez ungido, Jehú llegó a Samaria donde estaba la capital del imperio del norte y una de sus acciones fue acabar con el culto a Baal y para ello ideó una ingeniosa manera de saber quienes comulgaban con esa falsa religión. Anunció una fastuosa celebración en honor de su dios e invitó a todos sus seguidores, simpatizantes y sacerdotes.

Los baalistas se sintieron contentos y felices porque pensaron que todo seguiría igual que con Acab y Jezabel. Nadie imaginaba que en realidad Jehú les tenía preparada una gran sorpresa y muchos menos nadie avistó que en realidad los estaba convocando para acabar con ellos.

Una vez reunidos el nuevo rey se cercioró que a esa supuesta celebración solo estuvieran presentes adoradores de Baal y nadie de los servidores del Señor de los cielos y una vez que supo que solo había de los primeros destruyó a todos ellos. Nadie escapó. Así acabó de tajo con los enemigos de la causa del Señor.

Fue un método eficaz, ingenioso y astuto. Hacerse pasar por un adorador de Baal para conocer a quienes estaban metidos en ese culto y hacer que se confiaran para luego una vez comprobada su simpatía con esa deidad acabarlos.

La lección que nos deja Jehú es múltiple. Nos enseña que no todas las personas que parecen comprometidas con una causa en realidad lo están. Hay muchos falsos seguidores en cualquier movimiento. También nos enseña la manera en que se puede conocer lo que piensan los demás, basta parecer un gran simpatizante, aunque en realidad no se sea.

Nos alecciona también que para no errar, uno debe parecer más radical que otros y así las personas bajaran la guardia y sobre todo que la excesiva confianza en alguien puede resultar perjudicial para nuestra vida.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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