La Biblia dice en Éxodo 19:6

“Ustedes me serán un reino de sacerdotes, un pueblo consagrado a mí. Diles todo esto a los israelitas.”

Si bien el sacerdocio aarónico fue instituido por Dios para que la familia de Aarón se encargará de las actividades del tabernáculo y templo posteriormente, la idea que Dios tenía en su corazón es que todo el pueblo de Israel fuera una nación de sacerdotes que le sirvieran siempre.

Una de las grandes aportaciones de la Reforma Protestante fue justamente el sacerdocio del creyente, es decir que cada persona puede acercarse a Dios de manera directa, con intervención únicamente de Cristo, de nadie más. Pablo lo escribió claramente cuando dijo que hay un solo mediador entre los Dios y los hombres: Jesucristo.

Dejar las cosas de Dios en manos de un grupo de personas fue para tener un orden y una dirección, pero la idea de Dios o su plan es que todos los creyentes se involucren en las tareas espirituales del pueblo de Dios. No se trata de pensar que solo unos cuantos pueden acercarse al Creador sino todos.

Pedro fue quien mejor entendió esta verdad cuando escribió que la iglesia era una comunidad donde se concentraba el real sacerdocio, es decir sacerdotes del Rey. Todos podemos acercarnos a Dios. Todos podemos tener comunión con él y todos podemos ser escuchados por su persona.

Dios quería que su pueblo se consagrara a él. No solo los sacerdotes que ofrecían los sacrificios, sino que el pueblo mismo. Que comprendieran la importancia de dedicarse al Señor aun cuando no pertenecieran ni a la tribu de Leví ni a la de Aarón a fin de que no tuvieran excusa alguna de no rendirse a Dios.

De esa forma obtendrían todos los beneficios que trae consigo la obediencia al Señor sin necesidad de una obligación que les imponga buscar al Señor en medio de cualquier situación que se presente en sus vidas.

La palabra consagrado procede de la raíz hebrea “qadosh” que se traduce como santo, apartado o separado. El Señor quería y quiere un pueblo separado para él, apartado exclusivamente para servirle, sin tener ninguna clase de compromiso con nadie más, en otras palabras que son exclusivos para el Creador.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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