Proverbios 14:1

“La mujer sabia construye su casa; la necia, con sus propias manos la destruye.”

La necedad y la sabiduría no son privativas del varón. Las mujeres pueden ser sabias o pueden ser necias porque el igual que los hombres tienen en su ser la necedad y de no ser por la ayuda divina pueden convertirse en un ser destructivo que daña su vida y la de quienes departen cerca de ella, pero igual pueden alcanzar la sabiduría como los hombres.

El proverbista nos presenta lo que puede suceder en la vida de una mujer casada si se inclina por la necedad y no se aferra a la sabiduría: puede destruir su hogar; la frase “con sus propias manos” expresa lo dramático que puede resultar que con sus acciones una esposa acabe con su familia.

Se trata de advertirnos claramente los alcances de la conducta de una mujer en el ámbito familiar. Se nos previene que una consorte puede construir o destruir. La diferencia entre ambas acciones radica en su condición o su relación con la necedad y con la sabiduría. Dominada por la primera resulta letal, pero controlada por la segunda es una bendición.

Las mujeres sabias son de tal valor que el propio libro de Proverbios las llama mujeres virtuosas y les dedica casi un capítulo completo para definirlas, presentarlas y alabarlas porque su valía sobre pasa cualquier clase de riqueza en vista de que su aportación es sin medida en la vida de sus hijos y esposo.

En cambio las mujeres necias son censuradas, señaladas y presentadas como grandes dolores de cabeza, como personas que tienen en sus manos el poder de convertir a un hombre en una caricatura, así es el caso de la mujer ramera y ni qué decir de las féminas rencillosas o iracundas.

Se trata de mostrarnos con toda claridad que las mujeres contribuyen grandemente al sostenimiento de un hogar, pero también su necedad puede dañar, destruir y acabar con ese lugar donde nacen, se afianzan, se proyectan y se consolidan los sueños de los seres humanos.

Los roles de la mujer como esposa y como madre son fundamentales para crear una sociedad con individuos construidos, edificados con valores y principios, porque cuando esto falta, la crisis social es inevitable y de proporciones incalculables.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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