La Biblia dice en Éxodo 12: 36

“El Señor hizo que los egipcios dieran de buena gana todo lo que los israelitas pedían, y así los israelitas despojaron a los egipcios.”

La última y devastadora plaga que azotó a Egipto dejó anímicamente despedazados al altivo Faraón, sus funcionarios y al pueblo en general, que observó atónito y completamente desalentado y perplejo como murieron sus primogénitos, sin dar crédito a lo acontecido y sí, muy apurados para que Israel saliera de su tierra.  

Los egipcios tuvieron tanto miedo con la muerte de sus hijos que para apresurar la salida de los hebreos, que en un principio no querían porque pensaban en retenerlos para que siguieran trabajando para ellos, les dieron de buena gana todo lo que los israelitas pedían, según nos relata Moisés en el libro de Éxodo.

Las plagas fueron una obra portentosa de parte de Dios para sacar a su pueblo de la esclavitud. Fue un diseño perfecto que mostró que los dioses egipcios no podían hacer nada frente al Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Su superioridad, majestuosidad y grandeza quedó manifiesto contundentemente. 

Y como corolario, de esta victoria del pueblo hebreo sobre sus enemigos, y para mostrar que cuando Dios quiere bendecir a alguien emplea medios y personas insospechadas, los egipcios le entregaron todo  los que los hebreos les pedían. Fue de tal tamaño lo que cedieron que Moisés dice que los despojaron.

La partida de los judíos de la tierra donde fueron esclavos por cuatrocientos años fue precedida, además de las diez plagas, por un inusual acto de entrega de bienes de parte de sus captores para mostrar que Dios puede hacer cambios profundos en la mente de las personas y su actitud se puede modificar sustancialmente. 

De considerarlos sin ningún derecho, inferiores y sin valor alguno, los egipcios modificaron sustancialmente su percepción de los judíos y los vieron con tan buenos ojos que se desprendieron de sus bienes para dárselos en un hecho sorprendente para los israelitas que aceptaron todo lo que les entregaron. 

Moisés relató esos acontecimientos para mostrar que Dios tiene cuidado de nosotros y si bien las aflicciones a veces nos desalientan, nunca debemos olvidar que cuando Dios interviene la retribución sobrepasa siempre nuestras expectativas, ya que él hace que hasta nuestros enemigos contribuyan con nuestra causa. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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