La Biblia dice en Salmos 119:7

“Te alabaré con corazón sincero, cuando haya aprendido tus justos decretos.”

Dios mira el corazón, le dijo Dios a su profeta Samuel cuando se equivocó grandemente al ver al primer hijo de Isaí en Belén a donde había acudido a ungir al nuevo rey que ocuparía el lugar del desechado Saúl y erróneamente pensó que el primer vástago de la familia de David era el elegido.

También le dijo una verdad que nos ayuda mucho a comprender nuestras grandes limitaciones a la hora de conocer a las personas: el hombre mira lo que está delante de sus ojos, es decir los seres humanos tenemos la vista muy corta, sufrimos de miopía ante hombres y mujeres porque no podemos escudriñar su corazón.

El salmista hace eco de estas verdades al reconocer que alabará al Señor con corazón sincero solo cuando haya aprendido los justos decretos divinos. El autor del salmo ciento diecinueve sabe que Dios solo se fija lo que hay en nuestro interior y que a él no lo podemos engañar, que conoce perfectamente lo que somos.

Para tener un corazón sincero, sin doblez y sin hipocresía debemos entonces aprender los justos decretos de Dios. La expresión aprender tiene muchas connotaciones para nosotros porque bien puede significar entrenar, instruir, capacitar, adiestrar y todas aquellas palabras relacionadas con el proceso pedagógico enseñanza-aprendizaje.

Se aprende lo que no se sabe y los seres humanos tenemos que aprender la revelación divina para purificar nuestro corazón, para adecuarlo a los justos decretos de Dios como le llama el salmista a la Biblia, una definición de suyo interesante porque significa que los decretos o sentencias de Dios son justos.

Descubrir ese aspecto de la Escritura es muy valioso porque nos hace entender que un corazón sincero se forja a través de la contemplación y entendimiento de que Dios habla y sus palabras son decretos justos, es decir que sus determinaciones, que pueden incomodar, molestar y hasta enfadar tienen como finalidad ayudarnos a bien vivir.

La palabra decretos procede de la expresión mishpatim que es un vocablo judicial que se usaba para referirse a la sentencias que emitían los jueces. Esa determinaciones judiciales eran decretos inapelables y al referirlas a la palabra de Dios, quiere decir que lo que ha dicho el Señor no cambiará.

Comprender esta verdad purificará nuestros corazones y nos hará alabar a Dios justamente como él quiere que lo hagamos: con un corazón sincero.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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