La Biblia dice en Levítico 18: 2

“No sigan las costumbres de Egipto, país en el cual vivieron. No sigan las costumbres de Canaán, país al cual voy a llevarlos, ni vivan conforme a sus leyes.”

El desierto fue el punto intermedio entre Egipto y la tierra prometida. En ese lugar Dios le habló a su pueblo a través de Moisés para darles a conocer su voluntad y mostrarles su inmensa grandeza a través de la alimentación milagrosa con el maná y la provisión sobrenatural de agua para beber, todo con el fin de mostrarles lo especiales que eran. 

De esa forma Dios quería mostrarle a los judíos que se habían convertido en su pueblo, que los había adoptado para ser su herencia, su nación y el objeto de su afecto, lo que los convertía en un país completamente diferente a Egipto de donde habían salido, y a Canaán a donde iban en el que había decenas de pueblos. 

Justamente por esa razón de exclusividad con respecto a Dios es que les pide que no sigan las costumbre que vieron en Egipto y las que verían en Canaán. Las costumbres, cultura, hábitos, prácticas y estilo de vida no podían ni debían entrar en las familias y hogares de los judíos porque estaban viciadas. 

Los cananeos y los egipcios eran idolatras en gran medida, habían creado toda clase de divinidades a partir de la ignorancia. Le atribuían poderes al sol, el agua, la luna, los animales y habían diseñado ídolos sumamente crueles y depravados que los habían convertido en personas sin sentido común, fanáticas y apartadas de la verdad. 

Pero también Dios les advierte de sus grandes pecados sexuales que practicaban y que ellos debían de abstenerse porque esa fue una de las razones por las que tuvieron que ser expulsados de su tierra. La idolatría lleva a una vida sexual desenfrenada y para egipcios y cananeos era tan normal que habían perdido toda sensibilidad. 

Esa es la razón por la que Dios le pide a su pueblo que no siga las costumbres de esas naciones, sino que se deje llevar por lo que Dios ordena en su palabra porque eso los convertiría en un pueblo distinto a todos porque en la palabra de Dios se encuentra la revelación divina que distingue a quienes conocen a Dios y a quienes no.

La costumbre se vuelve ley o un imperativo. Acostumbrarse a algo bueno o malo termina por convertirse en parte de nuestra vida y eso es lo que Dios quería evitar con su pueblo al llamarlos a evitar contagiarse con el estilo de vida de una nación y una región del mundo donde se perdió toda sensibilidad moral. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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