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sábado, julio 31, 2021
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Cristo nació: la esperanza ha derrotado al miedo: Llegó la gracia y la verdad

La Biblia dice Juan 1: 17

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Introducción

Esta será una navidad diferente en muchos sentidos, pero particularmente porque se celebrará en medio de la pandemia del Covid-19, una plaga que ha matado millones de seres humanos en todo el mundo y en México ha cobrado más de cien mil personas que han perecido, muchos de ellos en la más completa soledad.

Vivimos en un mundo lleno de zozobra, nada distinto al que enfrentaban los personajes del Nuevo Testamento, particularmente quienes tuvieron la enorme bendición de vivir de manera muy cercana el nacimiento de Cristo, quien llegó a este mundo en un pesebre porque la humanidad fue incapaz de darle un trato digno de su investidura.

Voltear nuestros ojos con mucha atención a la encarnación de Cristo nos ayudará a descubrir que todos sus protagonistas tuvieron miedos y temores cuando supieron que el Hijo de Dios vendría a la tierra. El ángel Gabriel le dijo a María “no temas” cuando le anunció que Dios la había elegido para traer en su seno a Jesús.

El ángel Miguel le dijo a Zacarías, padre de Juan el Bautista también que no tuviera temor, que su hijo sería grande delante de Dios y que irá con el espíritu y poder de Elías para ser una voz en el desierto que prepararía la aparición del Cristo. José recibió ese mismo mensaje por un ángel cuando quiso dejar a María secretamente. A él también se le dijo: No temas.

De igual modo, los pastores que guardaban las vigilias de la noche en Belén cuando se les anunció que el Mesías había nacido, se les pidió que no tuvieran miedo porque había nacido en Belén el Salvador del mundo y que fueran para comprobar ese gran milagro de parte del Señor.

Todos ellos tuvieron miedo porque estaban frente a sucesos sobrenaturales. Las cosas que no tienen una explicación natural suelen llenarno de temor. Aquello que nuestros sentido no lograr comprender nos conducen invariablemente al miedo y eso sucedió con ellos, pero Dios tuvo siempre un mensaje de consuelo para que dejaran ese estado.

Lo sucedió a todos ellos nos sirve a nosotros para recordarnos que la Navidad más allá de ser un tiempo de regalos, fiestas y hasta excesos, es un tiempo de esperanza, una esperanza que derrote al miedo porque el hijo de Dios ha nacido y hay muchas razones para celebrar.

Cristo nació: la esperanza ha derrotado al miedo

I. Porque llegó la gracia y la verdad

A. Cristo trajo la gracia
B. Cristo trajo la verdad

Juan escribe su evangelio para los judíos. Él sabía perfectamente que sus compatriotas necesitaban comprender quien era era Jesús. Las siete señales que contiene el cuarto evangelio estaban dirigidas para que los hebreos del tiempo de Juan pudieran entender y aceptar que Jesús era el Mesías esperado por ellos por cientos de años.

La presentación de Cristo como el Yo soy en ese volumén del evangelio era para recalcar y subrayar la naturaleza de ese hombre que muchos conocieron y que no sabían bien a bien de dónde había salido. Juan nos conduce hasta la eternidad cuando en el principio era el Verbo, y Verbo era con Dios y el Verbo era Dios.

La Palabra, que es el significado de la palabra Verbo, que procede de la expresión griega “logos”, se encarnó en la persona de Jesucristo para manifestar dos expresiones de la divinidad que aunque enunciadas en la Ley judía no fueron entendidas cabalmente: la gracia y la verdad.

Juan hace una distinción muy clara entre Moisés y Cristo y de igual modo entre la ley y la gracia y la verdad. La intención de Juan no es confrontar ni descalificar la ley con la gracia, sino más bien sopesarlas para enseñar que la ley logró su objetivo de llevar a los judíos, como una niñera, pero no logró hacer universal la salvación.

Juan, Pablo, Pedro y muchos de los apóstoles sabían que la ley tenía grandes virtudes, pero fue insuficiente para lograr comunicar o revelar el Dios que estaba detrá de todo eso. Pablo dice que todo el contenido de la ley era sombra de lo que había de venir. En otras palabras que la ley mosaica apuntaba hacia Cristo.

De allí la declaración con la que Juan inicia su argumentación sobre la encarnación de Cristo. La ley por medio de Moisés fue dada resalta la diferencia entre la revelación mosaica y Jesús. La ley no es mala, pero no pudo hacer la labor que requerían los hombres para tener comunión con Cristo.

La ley se convirtió en una pesada losa que inhabilitó a los hombres y mujeres para acercarse a Dios porque se convirtió en una serie de mandamientos humanos que achicaron a las personas y las convirtieron en esclavas antes que libres y por eso apareció el Hijo de Dios para mostrar un rostro difente del Creador.

A. Cristo trajo la gracia

El concepto de la gracia existió en el Antiguo Testamento. La palabra más cercana a gracia fue jésed que denota un favor inmerecido. Esa palabra se traduce como misericordia. El caso más típico de un favor inmerecido en el Antiguo Testamento fue la historia de Mefi-boset, a quien David hizo misericordia por ser hijo de Jonatán.

Pero la gracia de Jesucristo tiene una connotación distinta porque si bien David mostró su gracia a Mefi-boset, no fue a la manera de Cristo porque el rey de Israel le dio al hijo de su amigo bienes materiales que luego le retiró en cambió en Cristo la gracia se convirtió en un don para siempre.

Para Juan, Jesús fue un varón lleno de gracia. Así lo retrata en los primeros versos de su evangelio. Es decir, no solo tuvo gracia, sino estaba lleno de gracia. Me atrevo a concluir que era la gracia encarnada de Dios mismo y dio muestras una y otra vez de esta gran verdad: ofreció amor y bondad con quienes trató.

Frente a un sistema rígido y implacable que se revelaban en la ley, Jesús ofreció su amor inigualable a todos aquellos que así lo desearan. Juan nos comparte una de las grandes verdades que debemos recordar en estos días en los que nos ha alcanzado el último mes del 2020, un año particularmente funesto.

Cristo llegó a un mundo hostil. Un mundo que no lo esperaba. Juan dice que a los suyo vino y los suyos no lo recibieron. Pero quienes le abren la puerta de su vida para reconocer sus pecados y reconsiderar su estilo de vida pueden encontrar y disfrutar su infinita bondad, manifestada en su presencia cotidiana en nuestras vida.

Si la ley conducía a un Dios terrible, Cristo vino a presentarnos a un Dios amoroso que una y otra vez nos llama con amor para volvernos a él. No importa el tamaño del pecado, la gracia de Dios es sufiente para perdonar las más denigrantes y graves maldades que una persona puede cometer.

Nuestro corazón se puede llenar de esperanza para derrotar al miedo porque no debemos olvidar nunca que el amor de Dios expresado a través de Cristo Jesús es una clase de amor que no paga conforme a lo que merecemos, sino da lo que necesitamos. Esa clase de amor se expresó claramente en Belén.

Jesús se despojó de sí mismo y estando en la condición de hombre se humilló. Todo ello por amor, para mostrarnos que su amor es grande y que en ese amor podemos confiar y podemos estar seguros que nos ayudará a vencer todos nuestros miedos y todos nuestros temores.

B. Cristo trajo la verdad

En un mundo lleno de mentira, una de las grandes bendiciones es que Jesús trajo la verdad a este mundo. A diferencia de muchos maestros de moral, Jesús no enseñó sobre la verdad, Él es la verdad; porque Juan precisamente nos dice que Cristo dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida.

La repercusión de esta declaración de Juan es excepcional. El concepto de verdad es fundamental no solo en el judaísmo, sino en el cristianismo mismo. Pero debemos acotarla justamente en su comparación con la ley. Juan dice que Moisés fue el medio para que fuera dada la ley, pero Cristo nos mostró la gracia y la verdad.

La ley contenía la verdad que llevó a una conclusión: el hombre necesitaba un Salvador. El hombre fue incapaz de cumplir con los mandamientos que contiene el Pentateuco, 613 contabilizan los judíos, y era necesario echar mano de un Salvador. Ese Salvador es Jesús que hizo posible con su sacrificio que el hombre se reencontrara con Dios.

El hombre necesita un verdad para llenar su corazón de esperanza. Esa verdad la encontramos en Cristo que vino a expresarla a través de su vida y a través de su encarnación hace más de veinte siglos. La ley apuntaba a la necesidad de los hombres y Cristo fue la solución a esa necesidad.

Esa verdad fue expresada con la vida de Cristo. El hombre es incapaz de salvarse a sí mismo. Necesita alguien que lo ayude para no extraviarse. Cristo apareció hace dos mil años para hacerse cargo del más grande problema que la humanidad tenía: encontrar un Salvador que pudiera librarlo del pecado.

Juan dice que Cristo trajo la verdad porque en todas las palabras de Cristo no existe ni duda, ni especulación. El fue claro y categórico cuando se presentó como la solución a los males de este mundo.

Tenemos razones para celebrar el nacimiento de nuestro Salvador. Nos trajo gracia y verdad para vivir esperanzados y dejar de lado el temor. Su encarnación es un permanente recuerdo que tenemos una esperanza en medio de cualquier situación que quiera llenarnos de miedo.

Su gracia y su verdad son suficiente motivos para festejar en medio de una situación que nos ha llenado de zozobra y temor.

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