La Biblia dice en Salmos 27: 13

“Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes.”

La totalidad de los personajes de la Escritura lucharon contra el mal. Ninguno de ellos se salvó. Desde Adán hasta Juan el evangelista lucharon duramente contra la maldad personificada en seres humanos que fueron utilizados por el maligno para mostrar su rechazo a cualquier manifestación del bien.

Cada uno de ellos a su manera se enfrentó también con circunstancias adversas, muchas de ellas provocadas por agentes fuera del control de ellos, otras por sus adversarios y enemigos y en algunas directamente por el diablo que de esa forma trató de desalentarse en la búsqueda del Dios verdadero.

En ocasiones esas adversidades se ahondaron o no cesaron y cuando parecía que amainaban, volvían a reaparecer con más fuerza en una manifestación o expresión que parecía que los males no se irían o no desaparecerían de la vida de algunos santos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Es David quien elevó esta plegaria que nos sirve para reflexionar sobre esos tiempos oscuros de nuestras vidas cuando parece que el mal no se va a ir nunca. Cuando la oscuridad se cierne sobre nuestras vidas y la maldad nos copa por todos lados. Por donde volteemos la adversidad parece haberse plantado para siempre.

David es un ejemplo de cómo su vida se llenó de incertidumbre ante la persecución de Saúl que lo vio como su enemigo y fue tras él como si se tratara del peor de los criminales o como si fuera un reo de altísima peligrosidad que hubiera escapado de la cárcel y fuera necesario recapturarlo.

En medio de esa condición ominosa, David escribió este verso que podemos recitar cuando nos sentimos abrumados por el mal. Cuando las adversidades no cesan y cuando nos dan un respiro y al parecer regresan para mostrarnos que siguen allí como si fueran invencibles y para siempre. Pero eso no es cierto.

Para nuestro estudio de este verso usaremos dos pasajes de la vida de Pablo que vivió y que nos ayudarán a entender que todo lo que nos ocurre está siempre bajo la mirada soberana de nuestro Dios y que él sabe perfectamente lo que sucede a nuestro alrededor y siempre le dará una salida perfecta.

Luego del naufragio del barco que lo llevaba preso de Jerusalén a Roma, Pablo estaba contento porque él y sus acompañantes lograron salvar la vida, pero nunca pensó que ya en tierra a salvo, una venenosa víbora lo iba a morder y los nativos de la isla dirían que era un homicida.

Luego, cuando estaba ya preso en Roma sus amigos y hermanos en Cristo le enviaron un hermano para que ayudara al apóstol en la cárcel, Pablo estaba feliz porque la iglesia de los Filipenses le había enviado un ayudante, pero nunca se imaginó que su auxiliar se enfermaría gravemente.

¿Qué tiene en común estos dos episodios en la vida de Pablo? Que cuando los problemas parecen resueltos surgen otros que parecen hundirnos todavía más de lo que ya estábamos con el problema que teníamos. Que la solución a nuestros problemas parece más fugaz que la vida de una mosca.

Cuando los males parecen no dar tregua
A. Para distorsionar las victorias en Cristo
B. Para distorsionar que tus problemas nunca acabaran

A. Para distorsionar las victorias en Cristo

A Pablo le ocurrió un hecho que parecía empecinado en mostrarle que su viaje a Roma sería imposible, porque luego de un prolongado naufragio, ya en tierra tuvo un accidente con una serpiente que lo mordió. El relato lo hace Lucas en Hechos 28: 3-6.

Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4 Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir.

5 Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. 6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios.

B. Para distorsionar que tus problemas nunca acabaran

Ya preso en Roma, Pablo volvió a padecer un problema que parecía decirle que lo perseguía un mal fario

25 Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano y colaborador y compañero de milicia, vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades; 26 porque él tenía gran deseo de veros a todos vosotros, y gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado.

27 Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza.
A Pablo le preocupó sobre manera lo que podría pasarle a Epafrodito. Se lo habían enviado los hermanos de la iglesia de Filipos y enfermó gravemente que estuvo a punto de morir. Qué cuentas les daría, cómo les explicaría que haciendo un bien el querido hermano había muerto. Gracias a Dios que no falleció.

Pero de nueva cuenta encontramos a Pablo sufriendo a pesar de hacer cosas buenas. Como si la desgracia lo persiguiera, pero Dios tenía planes formidables para el apóstol y gracias a su compasión, Epafrodito no murió.

Pienso que si Pablo viviese en estos días, ni siquiera lo aceptaríamos como apóstol porque le pasaron muchas cosas que nos harían dudar seriamente de que era un ministro de Cristo para su iglesia.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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