La Biblia dice en 2ª de Timoteo 1:14

“Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.”

El derecho romano legó a la posteridad una institución conocida como “depositaría” que fue creada por ellos para que se resguardarán bienes e incluso personas, en su tiempo, porque era un contrato mediante el cual depositario se obliga hacia el depositante a recibir una cosa, mueble o inmueble que aquél le confía, y a guardarla para restituirla cuando la pida el depositante.

La persona responsable del depósito o la depositaría estaba obligada a cuidar, proteger, resguardar lo que se le daba y bajo ningún motivo podía perderla o dañarla. Era una gran responsabilidad y generalmente las personas encargadas de esa labor era altamente calificadas o sumamente comprometidas con su labor.

Sobra decir las penas a las que se hacían acreedoras si por alguna razón el bien dejado a su protección sufría una afectación. Por esa razón se daba por sentado que quien laboraba en una depositaría era una persona fiel, responsable y digna de fiar. Evidentemente lo que caía en una depositaría era algo muy valioso para quien lo dejaba allí.

Esa figura la utiliza el apóstol Pablo para escribirle a Timoteo. Lo hace en este verso que meditamos hoy, pero también el verso doce y también en la 1ª Timoteo 6: 20. En el versículo que reflexionamos lo utiliza para decirle a su amado discípulo que sea como esa clase de personas que tenían a su cargo una depositaría.

La razón de dicha petición estriba en el hecho de que tenemos una vida llena de bendición gracias al Espíritu Santo. El apóstol quería hacerle ver a Timoteo y nos quiere hacer ver a nosotros lo invaluable que Dios nos ha dado y debemos protegerlo, cuidarlo y resguardarlo con responsabilidad y fidelidad.

Es un llamado a no dejarnos llevar por la pereza, el descuido y sobre todo por la apatía con respecto a lo que se nos ha dejado para cuidar. Es una exhortación para trabajar con ánimo renovado, resistir las presiones y no dejarnos intimidar por quien quiera que descuidemos lo que tanto valor tiene y que se nos ha dejado encargado.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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