La Biblia dice en Mateo 23:2

“Los maestros de la ley y los fariseos enseñan con la autoridad que viene de Moisés.”

Jesús tuvo abiertas y grandes diferencias con los fariseos y escribas no porque enseñaran la ley o porque enseñaran herejías. De haber sido así Jesús no les hubiera pedido a sus discípulos que hicieran lo que enseñaban, pero no actuaran como ellos se comportaban con lo que sabían. El problema de fondo entre Jesús y los religiosos de su tiempo era la conducta.

Los maestros de la ley o escribas y los fariseos eran expertos en la ley mosaica y todo el entramado del Antiguo Testamento. Conocían perfectamente la ley, los profetas y los escritos, como se dividía la Biblia hebrea de su tiempo. Por ejemplo cuando Herodes preguntó dónde nacería el Cristo ellos automáticamente dijeron en Belén de Judea.

El grave problema de los religiosos del tiempo de Jesús es que su conducta discrepaba grandemente con lo que enseñaban. Y no era un discrepancia menor. La diferencia entre su decir y actuar eran abismal porque lo que ellos enseñaban no lo hacían, de hecho proponían lecciones que ni ellos mismos estaban dispuestos a cumplir.

Pero también les fascinaba el oropel, les encantaba la posición que procedía de saberse maestros de la ley y tenían una obsesión por ser los más importantes en cualquier clase de reunión pública, además de que les envanecía terriblemente que los llamaran maestros o rabinos. Era su delirio y debilidad.

Y esa justamente fue la falta que Jesús les señaló y que los fastidió tanto porque se sentían maestros intocables. Se asumían como seres de otra galaxia, a los cuales ningún mortal podía señalarles nada puesto que a ellos y a nadie más se le había dejado la custodia del conocimiento de la ley.

De esta forma Jesús nos enseña la relevancia e importancia de vivir congruentemente entre lo que decimos y hacemos. Nada hay más decepcionante en esta vida que las palabras alejadas de una conducta acorde a lo que se dice. La distancia entre lo que hablamos y vivimos es inversamente proporcional el tamaño de nuestra hipocresía.

Jesús nunca dijo que la materia que los fariseos y escribas enseñaban estuviera mal, más bien señaló su estilo de vida alejado completamente de lo que ellos enseñaban.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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