La Biblia dice en Mateo 4:22

“Y enseguida ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.”

El llamado de Cristo es irresistible. Nadie podía decirle que no cuándo les pedía que lo siguieron porque había en sus expresiones y palabras un dejo de gran compasión y amor que absolutamente nadie podía negarse a acompañarlo, aun cuando fuera incierto hacia dónde iban.

Eran tan convincentes sus palabras que no importaba lo que se tenía que dejar. Se volvía secundario lo que era vital para subsistir. Su convocatoria a caminar detrás de él era imposible rechazarla porque era Dios mismo tocando a la vida de las personas, y eso hacía menos angustioso dejarlo todo.

Eso le sucedió al propio Mateo, quien relata como fueron llamado sus compañeros apóstoles Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo. Mateo era un publicano o cobrador de impuestos que fue llamado por Jesús y dejó su lucrativa actividad de inmediato y lo siguió teniendo seguro solamente el alimento de cada día.

En el caso de los hermanos Jacobo y Juan ellos dejaron dos cosas: la barca y a su padre. La barca era el patrimonio con el que sustentaban sus necesidades materiales para toda la familia ayudando a su padre a pescar y al dejar a su progenitor dejaron sus afectos familiares con los que habían crecido por muchos años.

El autor del evangelio subraya lo que dejaron al comenzar su caminar con Cristo lo que nos ayuda a recordar a todos que para seguir a Jesús uno debe abandonar, renunciar, hacer a un lado, restar importancia o dejar ciertas cosas con tal abrazar una fe que llena de nuestras vidas de valores espirituales.

Lo interesante de ambos discípulos es que no dudaron ni un segundo cuando escucharon las palabras de Jesús que los invitaba a seguirlo. No se resistieron como tampoco aplazaron su decisión. Al contrario decidieron rápido y dejaron lo que estaba haciendo y lo que estaban sintiendo.

Y a Jesús se le sigue así. De manera incondicional. Sin saber que nos depara el futuro. Seguros únicamente en su cuidado, protección, provisión y ayuda. Pero qué nos puede faltar si él camina a nuestro lado. En el mundo tendremos aflicción, pero debemos confiar pues él ha vencido al mundo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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