La Biblia dice en Proverbios 28:1

“El malvado huye aunque nadie lo persiga, pero los justos viven confiados como el león.”

Mucho antes que Segismundo Freud estableciera sus teorías sobre el psicoanálisis, Salomón nos enseñó que la maldad tiene como consecuencia una enfermedad mental que ahora conocecemos como delirio de persecución. Se trata de un mal que hace pensar a las personas que alguien está detrás de ellas queriendo hacerles daño.

A esta patología están asociados otro males como ansiedad, miedo o desconfianza hacia otra personas, depresión, mal genio o ira, sensación de euforia, falta de interés y emoción, cambios repentinos en el estado de ánimo y cambios en la personalidad que provocan una grave inestabilidad emocional en quien la padece.

El sabio rey de Israel nos enseña que los malvados llegan a esta lamentable y triste condición debido a su conducta apartada de los caminos del Señor y por vivir a espaldas del Creador, sometiendo su vida a sus caprichos, deseos y olvidándose por completo de la palabra de Dios en su existencia.

Es una realidad y verdad que el mal nunca paga bien a sus practicantes, aunque las apariencias quieran hacernos pensar o creer que los malvados son inmensamente felices, la realidad es que viven un infierno ellos mismos y hacen que quienes los rodean vivan una vida llena de intranquilidad.

Frente a esta clase de vida, el proverbista nos pone como contraste al justo que vive confiado como un león. El justo no ha de temer nada porque sabe que de su lado está el Señor y esa es garantía de protección y cuidado en todo tiempo y en caso de que algo pudiera ocurrir en su vida, Dios siempre está en control de todo.

La paz reinante en la vida del justo le da tanta fuerza como la que tiene el rey de la selva porque todos sus pensamientos son procesados o sometidos al juicio de la palabra de Dios y no se deja engañar por su sensación y aún por la realidad imperante a su alrededor, sino más bien descansa en las promesas de Dios.

En cambio el malvado no tiene control de sus pensamientos. Lo dominan por completo y lo convierten en un ser lleno de angustia y desesperación con tanta desconfianza que duda hasta de su sombra.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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