La Biblia dice en Génesis 5:29

“Y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos, a causa de la tierra que Jehová maldijo.”

El capítulo tres y cuatro del primer libro de la Biblia, o sea Génesis, da cuenta de las maldiciones que recayeron sobre la serpiente por haber engañado a Eva, sobre la tierra a causa del pecado de Adán al comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal y de Caín por haber matado a su hermano Abel.

Según leemos en el inicio de todas las cosas, los hombres pronto se cansaron y fatigaron de hacer producir la tierra y la violencia que se vivía en esos tiempos, por eso cuando nace Noé su padre, Lamec, le pone justamente ese nombre porque tiene la esperanza que su vástago se convierta en el hombre que le de consuelo o descanso a su generación. Noé significa descanso o consuelo.

La maldición que vino a la tierra había provocado mucha desolación a la vida de todos. El trabajo para sustentarse se convirtió en una pesada carga para la humanidad entera que buscaba su sustento como si tuviera encima una gran losa.

Lamec y sus compañeros de época estaban fastidiados porque la maldición que Dios hizo sobre la tierra la convirtió en un lugar lleno de dificultades, no solo para hacerla producir, sino porque los hombres perdieron todo respeto por la existencia humana y la violencia y la corrupción moral se asentaron con una crudeza desesperanzadora.

Necesitaban alguien que cambiara esa situación, necesitaban un personaje capaz de transformar esa realidad y por ello cuando llega al mundo Noé esa esperanza se renueva y crece la expectativa de un cambio profundo en la vida de todos los seres humanos, sin imaginarse que la única solución posible para un cambio fue la destrucción de la tierra.

La historia de Lamec poniéndole a su hijo por nombre Noé nos muestra hasta que punto puede llegar la vida de las personas sobre las que recae una maldición. La palabra maldición etimológicamente quiere decir simplemente mal hablar, pero en el caso de la Escritura y cuando Dios la pronuncia se convierte en una sentencia de calamidad e infortunio.

Vivir bajo maldición hace de la existencia un ejercicio lleno de fatiga y cansancio y por eso el hombre busca reposo, quietud y descanso que solo puede encontrar en Dios. Dios diseñó al hombre de tal manera que tuviera seis días para trabajar y dedicara uno a reposar, pero reposar en Dios para así recuperar fuerzas no solo físicas sino espirituales para seguir.

Por eso Cristo dijo claramente: Vengan a mí todos los que están cansados y trabajados y yo les haré descansar porque sabía perfectamente que la vida cansa aun cuando se tengan todos los recursos para bien vivirla.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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