La Biblia dice en Proverbios 6:5

“Huye, como un venado del cazador; huye, como un ave de la trampa.”

El proverbista le pide a sus lectores que huyan como un venado escapa velozmente del cazador y como una ave se retira rápidamente del lazo que la atrapará de los compromisos que no podrán cumplir, de aquellas responsabilidades que han asumido sin medir que no podrán solventar.

Inicialmente se refiere a las obligaciones económicas de otras personas que tomamos como nuestras, pero en sentido amplio bien pueden encuadrar todas aquellas responsabilidades de otros que tomamos como nuestras y que definitivamente no podremos llevar a cabo porque superan nuestras capacidades.

La sabiduría de Israel contenida en el libro de los Proverbios nos conduce a pensar y repensar lo que sí podemos cumplir y lo que no podemos cumplir para evitar a toda costa cargas que no tenemos por qué llevar y también para evitar ser considerados como personas informales.

Quedar atrapados en compromisos que terminarán por minar no solo nuestro patrimonio, sino también nuestra paz hacen que se nos autorice deshacerlos, humillándonos y yendo con quien los hicimos para no padecer momentos no solo de tensión emocional, sino días de dolor.

El consejo que se nos da es sumamente valioso porque a veces nos comprometemos a hacer cosas que tal vez en una o dos ocasione podamos hacer, pero no siempre y ante tal situación debemos ser lo suficientemente humildes para llegar con quien estamos obligados ya sea económica o moralmente y decirle que sencillamente no podemos con esa carga.

Eso lo debemos hacer antes que las obligaciones o responsabilidades que hemos contraído por otros nos sepulten o nos ahoguen y no solo quedemos mal con quien nos comprometimos, sino también con nosotros mismos y nuestras familias a fin de recordar que cada persona debe asumir sus propias responsabilidades y obligaciones.

El proverbio aplica a las obligaciones económicas, pero también a las obligaciones familiares donde de repente los hijos piensan que los padres tienen la obligación de cuidar a sus hijos o que los padres tienen que ver con ellos cuando están casados o ya son adultos y deben mirar por ellos mismos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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