La Biblia dice en Génesis 35:10

“Y le dijo Dios: Tu nombre es Jacob; no se llamará más tu nombre Jacob, sino Israel será tu nombre; y llamó su nombre Israel.”

Aunque un ángel ya le había anunciado que su nombre Jacob había sido cambiado por el de Israel, el patriarca necesitó que Dios le confirmara esa determinación divina que le colocaba ya totalmente con la primogenitura y la bendición que ella conllevaba, luego de que junto con su madre literalmente se la arrebataran a su hermano Esaú.

El cambio de nombre no solo significaba una mutación nominativa del personaje, sino una profunda transformación personal e interna en la vida de quien Dios escogió antes de que naciera para convertirse en el patriarca de su amado pueblo, pero que cargó por algún tiempo el temor de haber obrado incorrectamente al tomar la primogenitura de Esaú.

El nombre Jacob significa el suplantador y en cambio Israel significa el que lucha con Dios o el que lucha a favor de Dios. El nombre entre los hebreos se distingue claramente al de otras culturas porque revela la personalidad de quien lo lleva. En el caso de Jacob sus padres lo nombraron así porque cuando nació tomó por el calcañar a su hermano.

Pero Dios lo modificó sustancialmente. Algunos lo traducen por príncipe de Dios, pero la mayoría de los tratadistas coinciden en señalar que se traduce más bien como alguien que lucha por Dios. Dios le mostró de esa forma su beneplácito que ese es el nombre con el que no solo se le conoció a partir de entonces, sino el nombre para siempre de la nación escogida.

Dios nos muestra de esta forma que el destino de cada uno de nosotros solo puede ser modificado por Dios y eso ocurre cuando decidimos luchar con todas nuestras fuerzas por alcanzar los estándares de obediencia que él demanda. La determinación de buscarlo agrada a Dios de tal forma que cambia para siempre nuestra vida.

Dios nos deja de ver como los hombres nos ven cuando decidimos con todo nuestro ser seguirlo y eso hace que nuestros sueños, planes, anhelos y proyectos sean tomados por el Creador para ser bendecidos y para que lleguen a buen puerto y de esa manera realizarnos y encontrar el sentido de esta vida.

Aunque en la Escritura los nombres Jacob e Israel se usan indistintamente para nombrar al patriarca, la realidad es que Dios intervino en su vida para confirmar lo que su madre había vislumbrado, lo que el había oteado y lo que su padre no había considerado, que sería él y no su hermano el encargado de darle nombre al pueblo de Dios.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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