La Biblia dice en Marcos 2:4

“Pero como había mucha gente y no podían acercarlo hasta Jesús, quitaron parte del techo de la casa donde él estaba, y por la abertura bajaron al enfermo en la camilla en que estaba acostado.”

Los evangelios no nos dan muchos datos sobre hombres y mujeres que interactuaron con Jesús, pero nos ofrecen un acto o hecho o una palabra que los pinta de cuerpo entero o que nos permiten distinguir su talante como el de estos cuatro amigos que tenía un hombre que estaba paralítico cuando Jesús llevó a cabo su ministerio.

Estos cuatro amigos eran determinados, tenían coraje para enfrentar las adversidades y no se amilanaban ante las contrariedades, eran resueltos frente a los contratiempos y buscaban siempre una solución a los problemas que se les plantaban y de ninguna manera se daban por vencidos ante nada. Eran tipos atrevidos.

Por eso cuando buscaron a Jesús y vieron que el lugar donde estaba se encontraba atiborrado de gente subieron a la techumbre del lugar, abrieron un agujero en la parte alta del lugar y con cuerdas bajaron a su amigo que gracias a esta acción quedó de frente a Jesús, quien reconoció la fe de sus amigos y lo sanó.

Esta historia nos ayuda a entender que la fe jamás será estática, la fe nos lleva a obrar y parafraseando a Santiago, la fe sin obras está muerta. Una persona que dice que tiene fe pero no hace algo con esa fe, sencillamente tiene una fe intelectual muy parecida a la de los demonios quienes creen y tiemblan.

Los amigos del paralítico nos inspiran porque muy probablemente ellos oyeron de Jesús y no dudaron un solo instante en llevar a su amigo ante este nuevo Maestro del que se oían grandes obras y palabras que nunca se habían oído en Israel. El paralítico no podía ir por sí mismo y por esos sus amigos lo cargaron.

El acto que Jesús les reconoció fue no solo que llevaran a su conocido ante él, sino su determinación, sus ganas de ayudar a un necesitado, su compromiso moral con quien solo les unía afinidades y no un lazo sanguíneo. Esa actitud valiente y resuelta le fascina a Jesús cuando se trata de hacer el bien.

Nada los intimidó, nada los desalentó. Ellos se habían hecho el compromiso de poner a su amigo ante Jesús y así lo hicieron. La voluntad es el motor más potente que hay en este mundo porque nos hace sacar fuerzas de donde parece que no hay nada.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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