La Biblia dice en Oseas 4:8

“Viven del pecado de mi pueblo; por eso anhelan que mi gente peque.”

Las acusaciones contra los sacerdotes del tiempo de Oseas fueron extremadamente duras porque su actitud se había desviados perversamente al grado que alentaban el extravío de los hebreos porque de esa manera los judíos estaban obligados a presentar más ofrendas por el pecado y de esa forma ellos obtenían más beneficios.

Dios ha detestado desde siempre que sus servidores lucren con los bienes de los demás. Castigó fuertemente a Giezi, el auxiliar del profeta Elías cuando sin consentimiento del vidente fue y pidió a Naamán los regalos y bienes que Elías rechazó. Fue reprendido con lepra de por vida.

Simón el mago, en el tiempo de los apóstoles, fue censurado cuando ofreció dinero para tener el poder de impartir el Espíitu Santo. Tu dinero perezca contigo, le dijo Pedro para hacerle ver el grave atrevimiento en el que había incurrido al creer que las cosas espirituales son mercancía.

Y así, tanto en el Antiguo como Nuevo Testamento, encontramos advertencias severas de lucrar o hacer negocio con todo lo sagrado. Quizás el clímax lo encontramos con Jesús cuando fastiado hace un azote de cuerdas en el Templo de Jerusalén y le dice a los comerciantes y cambistas que están allí instalados que han convertido su casa en una cueva de ladrones.

Pero lo acontecido en tiempos de Oseas nos deja perplejos a todos, porque nos muestra cabalmente que la ambición de algunos adminstradores de los bienes espirituales puede ser extremadamente inverosímil porque pueden llegar a adulterar la búsqueda de Dios con intereses estrictamente económicos.

Los ministros de culto del tiempo del profeta se desviaron tanto que alentaban el pecado entre los judíos para que tuvieran más ingresos. La razón de esa actitud la encontramos en una motivación equivocada, en una delirante codicia, como si lo material fuera lo único importante en este mundo.

Ellos expresan perfectamente la inmoralidad a la que puede llegar una persona cuando busca por todos los medios obtener de manera ilícita recursos para acumular riquezas que irónicamente dejara en este mundo cuando parta de aquí porque no se podrá llevar absolutamente nada.

El dinero a como de lugar produce personas insensibles, inmorales y perversas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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