La Biblia dice en Mateo 4:7

“Jesús le contestó: También dice la Escritura: No pongas a prueba al Señor tu Dios.”

El diablo tentó a Jesús. La palabra tentación en el Nuevo Testamento tiene dos acepciones. La primera relacionada con la incitación al mal y la segunda con prueba, examen o exploración para conocer si una persona resiste, en el caso de los cristianos, si se sujetan a la voluntad de Dios, que fue el caso de Jesús.

Los evangelios nos dan cuenta de la manera en que el maligno intentó hacer tropezar a Jesús y recurrió a los más diversos recursos desde la duda, pasando por la cita de la Escritura y hasta el ofrecimiento de fama y honor sin necesidad de pasar por la cruz del calvario, lo que fue rechazado rotundamente por nuestro Señor Jesucristo.

Nos referiremos a la segunda prueba que el diablo le puso a Jesús. Le citó correctamente la Biblia. El salmo noventa y uno dice claramente que (los ángeles de Dios) “te levantarán con sus manos para que no tropieces con piedra alguna”. No mintió, no tergiversó la Escritura, la presentó tal y como esta revelada.

Cuál fue entonces el inconveniente. Bueno lo incorrecto de todo esto radicó y radica en que ni su intepretación, ni su aplicación eran las correctas. El maligno quiso decirle a Jesús que la Biblia dice claramente que Dios está obligado a cuidarlo y en situaciones de peligro debe verla por él y entonces Jesús debería subir a la parte más alta del templo y arrojarse.

Mala interpretación y pésima aplicación. Dios no está sujeto a caprichos. Nosotros no debemos crear las condiciones para que Dios obre sus portentos, ni debemos exigirle que obre arbitrariamente a nuestro antojo su revelación. El texto es una verdad, pero no se debe crear la condición para su aplicación porque eso cae en el peligroso terreno de probarlo.

Dios no acepta bajo ninguna razón que lo probemos. No. La razón: el es Dios siempre. Existe por sí mismo. El diablo quiso enredar a Jesús como ha enredado a muchos y lo sigue haciendo, particularmente cuando no logramos comprender que él nos atiende en función de su misericordia y no porque tenga una obligación. A Dios le disgusta que lo pongan a prueba porque es sinónimo de incredulidad, de falta de fe.

Jesús fue categórico con el malingo: a Dios no se le prueba. Nuestra fe no depende de que sí hace Dios o qué no hace Dios. Nuestra se finca en quien es Dios. Lo que él es debe ser lo mas valioso para nosotros. Jesús resistió las artimañas de satanás recordándole que Dios no necesita comprobación alguna.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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