La Biblia dice en Salmos 74:12

“Pero Dios es mi rey desde tiempos antiguos; el que obra salvación en medio de la tierra.”

El salmo setenta y cuatro es un profundo clamor dirigido a Dios para que atienda a un hombre que está sumamente acongojado, sometido a una profunda tristeza y encerrado en un círculo de desesperanza del que no puede salir porque vive completamente atribulado.

En medio de esa situación que no parece tener fin, se recuerda a sí mismo que Dios es su rey desde tiempos muy antiguos, pero no cualquier clase de rey humano, sino el único capaz de obrar salvación en medio de los más grandes conflictos o adversarios que se presenten a sus hijos.

Es común encontrar en los salmos la expresión o la descripción de Dios como rey para establecer su dominio sobre todos los seres humanos, la propiedad de la tierra y el control absoluto de todo lo que sucede en este mundo como resultado de su capacidad de estar por encima de todo.

Los escritores de los salmos, incluido Asaf, fueron insistentes en el llamado a todas las naciones para que alabaran al Señor, haciendo notar siempre que un día todos se le rendirían incondicionalmente con o sin su anuencia porque su poder es ilimitado e irresistible.

En el verso que hoy meditamos sobresale la idea de que Dios es rey, pero enmarcado en la vida personal del salmista. Para el compositor de esta pieza musical, Dios es rey no solo del universo, sino de su propia vida. Se declara un súbdito incondicional dispuesto a servirle justamente como un vasallo sirve a un monarca, con lo que tiene y aún con lo que no tiene.

Ninguna circunstancia toma por sorpresa al Rey del universo, nada es accidental. Todo lo que sucede en este mundo y en la vida personal de cada creyente está en sus manos y lo mejor siempre será rendirnos a él para encontrar la paz y calma que necesitamos cuando todo parece haberse salido de control en nuestras vidas.

Asaf nos muestra que la mejor decisión que podemos hacer es convertir a Dios como nuestro soberano porque de todas formas el siempre ha sido y es Rey.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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