La Biblia dice en Salmos 146:5

Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en Jehová su Dios. 

El salmo ciento cuarenta y seis esta construido para rezarse cuando atravesamos situaciones en las que no podemos hacer nada por nosotros mismos y requerimos forzosamente depender de alguien más. Cuando nuestras fuerzas no son suficientes y necesitamos la ayuda de los otros. 

El salmista dice que es una dicha contar con la ayuda de Dios para esos tiempos en los que la opresión llega a nuestra vida, cuando los problemas nublan nuestra vista y se nos hace imposible ver el futuro con certeza, cuando se caen a pedazos nuestros sueños y caemos derrumbados junto con ellos. 

Cuando la situación se vuelve extrema que nuestro sostenimiento depende de lo que hagan o dejen de hacer otros, entonces es justamente cuando necesitamos que Dios nos ayude y no debemos sentir pena ni vergüenza, al contrario el salmista dice que debemos sentirnos dichosos y bendecidos. 

Nos recuerda que Dios nos ayuda, apoya, sostiene y está con nosotros y nos pide que no confiemos en los gobernantes, ni hombre alguno porque ellos son incapaces de salvarnos, pues son idénticos a nosotros, en el sentido físico, sale su aliento y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos. 

Dios es soberano y conoce perfectamente nuestras necesidades, nuestras luchas y nuestros anhelos y por esa razón nuestra esperanza debe estar puesta en Él porque reina para siempre y ha actuado siempre en todos los tiempos conforme a sus eternos propósitos que generalmente escapan de nuestra compresión. 

El salmista quiere que hagamos de nuestro bendito Dios nuestro ayudador y nuestra esperanza. Él nos ayuda siempre, lo hace a su manera, en su tiempo y a veces tarda por eso necesitamos aprender a esperar en él a no doblegarnos ante las adversidades y circunstancias en contra nuestra. 

Al final su mano siempre prevalecerá y entonces, como dice otro salmo, nuestra boca se llenará de risa y nuestra lengua de alabanza porque transformará nuestro lamento en danza. 

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