La Biblia dice en Salmos 99:6

“Moisés y Aarón están entre sus sacerdotes; Samuel está entre los que alabaron su nombre. El Señor les respondía cuando ellos pedían su ayuda.”

El salmo noventa y nueve resalta la santidad de Dios. En realidad lo presenta como el único Rey Santo, dueño de todo lo creado. Es propietario de la tierra y su plenitud, dice el salmo veinticuatro, para referirse que nada, absolutamente nada, en este mundo y en todo el universo carece de un Creador y en consecuencia de un Dueño.

Dio es santo repite en tres ocasiones el canto para subrayar el carácter de Dios y también menciona a tres personajes que vivieron en diferentes momentos de la historia de Israel, pero que compartieron la misma pasión por la obra y palabra de Dios en sus vidas, y por supuesto con sus propios yerros y equivocaciones que Dios juzgó y perdonó.

Moisés, Aarón y Samuel constituyen los dos oficios más relevantes del pueblo de Israel, me refiero al sacerdocio y al ministerio profético, que fueron los grandes instrumentos para mantener la comunión. El sacerdote era el encargado de ofrecer los sacrificios con los que se adoraba a Dios, pero también mediante el cual se recomponía la relación entre el pecador y Dios.

El ministerio profético servía para reencauzar a quien se hubiera extraviado del camino correcto. De allí lo fundamental y valioso que Dios enviara profetas a llamar la atención, a exhortar y animar a su pueblo y vaya que lo hizo, les envió de día y de noche hombres con un mensaje claro para que se volvieran de sus malos caminos.

Para Dios es tan valiosa la santidad porque él es, además del Rey de todo el universo, Santo, apartado del mal y limpio y puro. Por eso con la mención de estos tres hombres nos recuerda varias cosas, una de ellas es que el camino a la santidad es la relación con Dios, en aquellos días a través de los sacrificios, pero hoy a través del sacrificio perfecto de Cristo.

Lo otro que trae a nuestra memoria es el hecho de que debemos oír la palabra de Dios. Hay en la revelación divina el conocimiento suficiente para apartarnos de la maldad y rebelión. En otro tiempo ellos tenían que oír a los hombres de Dios que traían la revelación divina, pero hoy tenemos la Escritura a nuestro alcance para saber la voluntad de Dios.

La comunión con Cristo y poner atención a lo que Dios dice en su palabra son los elementos esenciales para vivir apartados del mal, para rechazar la iniquidad que pobla este mundo y para asentar en nuestra vida el deseo de ser santos como él porque la santidad conviene a su casa, porque sin santidad nadie vera al Señor.

Nuestro Rey es Santo, nosotros en reciprocidad debemos vivir santa y piadosamente para honrar debidamente a nuestro bendito Salvador que fue santo en toda su manera de vivir, dejándonos ejemplo para seguir sus pisadas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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