La Biblia dice en Hebreos 1:1-2

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días no ha hablado por el Hijo.”

Dios se comunicó con el mundo a través de la naturaleza: Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos, escribió el rey David en el salmo diecinueve para hacer patente la determinación del Señor de no callar y mostrarse al mundo a través de su poderosa creación, pero fue ignorado.

Pablo escribió al respecto: Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa, pues habiendo conocido a Dios no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos.

Ante el fracaso humano para descubrir a Dios a través de la naturaleza y la creación, Dios entonces envió hombres y mujeres muchas veces para que de muchas maneras les hablaran. Los registros de estos intentos los encontramos en las Escrituras hebreas que atestiguan el vehemente deseo del Creador por comunicarse con sus criaturas.

Finalmente el más acabado intento fue con la encarnación de Cristo, el Logos o la Palabra e de Dios por excelencia. Fue Jesús quien trajo las verdades celestiales a la tierra, quien mostró y muestra a los hombres el camino correcto y seguro hacia el Dios verdadero, a quien vino a revelar.

Cristo es la expresión del Padre tratando de nueva cuenta de hablarle al hombre, susurrándole al oído a través de la maravillosa historia de Belén que quiere comunicarse con él, que quiere dialogar con la humanidad, que hay un mensaje para todos y ese mensaje es de esperanza y amor.

Jesús es el intento definitivo de Dios para restablecer la comunión entre el Creador y el hombre. Allí en el pesebre de Belén Dios de nueva cuenta nos habla, nos muestra que en la sencillez y la humildad encontraremos la paz que tanto ansía y necesita nuestra alma, perturbada por el materialismo de nuestras sociedades.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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