La Biblia dice en Mateo 1:11

“Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en el tiempo en que los israelitas fueron llevados cautivos a Babilonia.”

En su genealogía Mateo menciona cuatro veces la deportación a Babilonia, uno de los episodios más tristes de la historia de Israel porque fue en ese tiempo cuando Dios descargó sobre ellos su mano firme y fuerte y los judíos fueron exiliados a causa de su pecado a una tierra desconocida y lejana a su patria.

El salmo ciento treinta y siete retrata el ánimo de ellos en esa ciudad:

Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sion. ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?

Pero para Mateo era importante hacerles saber a los lectores de su evangelio que Dios había determinado llevar a cabo su plan de redención y lo iba llevar hasta el fin y aún en ese tiempo de oscuridad espiritual para ellos la luz de su poder estaba vigente, que el castigo en ese lugar forma parte de su amor que como padre le suministraba a su pueblo.

Y es que aún allí en ese lugar Dios se reservó hombres y mujeres piadosos que formaron parte de los antepasados de Cristo en una fehaciente prueba que Dios nunca abandona absolutamente a nadie, a pesar de que esa persona pretenda vivir prescindiendo del Creador en su vida diaria.

La experiencia del pueblo hebreo en Babilonia fue traumática, pero al final lograron superarla y el hecho de que el primer evangelista mencione ese acontecimiento nos deja en claro que los planes de Dios se lleva a cabo aun en las condiciones más complejas y en las circunstancias más desfavorables.

Dios nunca abandonó a su pueblo ni lo abandonará. Su promesa de redención se cumplió cabalmente a pesar de que ellos dejaron por casi setenta años la ciudad de Jerusalén porque aún en Babilonia su diestra de poder no dejó de manifestarse y en ese lugar nacieron y vivieron los antepasados de Jesús, que luego regresaron a Israel.

Dios siempre se reserva al derecho de ejecutar sus propósitos aún por encima de toda adversidad o situación complicada a los ojos de los hombres.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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