La Biblia dice en Habacuc 2:20

“Pero el Señor está en su santo templo: ¡guarde silencio delante de él toda la tierra!”

El profeta Habacuc fue el primero que conoció la invasión de los babilonios a Jerusalén y las terribles consecuencias que traería consigo la presencia de Nabucodonosor en la santa ciudad de Israel porque el pueblo hebreo sería exiliado por setenta años a esa nación caldea llena de crueldad e iniquidad.

Una decisión que el profeta supo y que suplicó a Dios la detuviera por lo dolorosa que resultaría para los israelitas, pero la decisión estaba tomada y nada la haría cambiar, sobre todo porque los judíos en Jerusalén vivían de manera pecaminosa, obstinada y rebelde ante el Señor.

Los desginios soberanos del Creador son justamente así: nacen de la voluntad del Señor y ante ellos no podemos hacer nada, sino guardar silencio en señal de contrición y aceptación porque el Señor domina, gobierna y dirige este mundo conforme a sus eternos propósitos, aunque no los entendamos.

Escuché apenas a un cantante cristiano muy famoso decir que Dios nos ha dejado a nuestro propio criterio, pero esa afirmación es inexacta porque Dios jamás abandona a su creación y a sus creaturas. El Señor siempre está presente aun en esas horas trágicas o desoladoras en las que creemos que nos ha abandonado.

Y por esa razón es que escribe Habacuc el verso que hoy meditamos. Nuestro Dios está siempre presente. No es un Dios que se ausente. Al contrario justo cuando más sufrimos o más padecemos más cerca está. Y en esos momentos, en los que no podemos entender nada de lo que está pasando, lo mejor es guardar silencio.

La razón por la que debemos quedarnos callados es que generalmente en ese tipo de circunstancias lo que hacemos o decimos generalmente está equivocado o no tiene sentido porque nos dejamos llevar por las circunstancias presentes que estamos viviendo y hablamos de cosas que no conocemos.

Con estas palabras Habacuc nos recuerda que nuestro Dios no se ausenta y lo podemos encontrar en su casa, allí está, haciendo acto de presencia para mostrarnos que aun en las cosas malas que nos acontecen siempre está para sostenernos, ayudarnos y sacarnos adelante.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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