La Biblia dice en Salmos 34:19

“El hombre honrado pasa por muchos males, pero el Señor lo libra de todos ellos.”

La versión Reina Valera 1960 traduce este verso como: Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová, que nos permite entender que las personas rectas, justas, honradas y piadosas enfrentarán a lo largo de su vida muchos males, aflicciones, adversidades y situaciones apremiantes.

La historia de los justos del Antiguo y Nuevo Testamento es testimonio de esta verdad, desde los patriarcas, así como Sara, Rebeca, Raquel y José en aquella época, ni que decir de todos los profetas que padecieron persecución por sus anuncios como Jeremías y Elías, y así muchos hombres y mujeres que sufrieron, pero siempre fueron recompensados.

Los días de padecimientos son dolorosos, son noches largas de tribulación que parecen no tener fin y en ocasiones ocurre que ni bien termina una adversidad y ya comienza otra, pero Dios promete librarnos de todos ellos para avivar nuestra esperanza que esa situación no hará más fuertes y nos dará seguridad de la cercanía de Dios con nosotros.

La vida de un justo es así. Viviendo en piedad, haciendo el bien, amando a su prójimo y temiendo a Dios, a su vida llegan situaciones en las que el mal o los malvados quieren dañar y destruir su existencia, pero Dios automáticamente se encarga de protegerlo, cuidarlo y preservarlo.

David, autor de este salmo, era un ejemplo viviente de esta verdad, luego de derrotar a Goliat su vida cambió para siempre. Saúl lo persiguió por años. Tuvo que huir por desiertos, montañas y valles para que su suegro, quien también le quitó a su esposa, no lo matará, tan solo porque el pueblo de Israel lo reconoció como un valeroso guerrero.

Debemos estar conscientes de que hacer el bien no traerá el favor de Dios, pero también nos atraerá la malquerencia de los malvados, que tratarán de dañarnos, pero debemos confiar siempre en la intervención divina para ponernos a salvo de sus criminales obsesiones contra nosotros.

Dios nunca se desentenderá de nuestros problemas, nunca dejará de velar por nosotros, ni nos dejará en sus manos, al contrario saldrá a defendernos de sus maquinaciones, inquinas y malos deseos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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