La Biblia dice en Hechos 6: 9

“Algunos de la sinagoga llamada de los Esclavos Libertados, junto con algunos de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, comenzaron a discutir con Esteban.”

Esteban fue elegido como diácono ante el problema que se presentó entre las viudas hebreas y las griegas al repartirse los alimentos en la naciente iglesia de Jerusalén. Su labor consistiría esencialmente en servir a las mesas. Era judío de ascendencia, pero se había criado fuera de Israel. 

Su labor como servidor lo compaginaba perfectamente con la predicación de la palabra que, según el relato de Lucas, estaba acompañada de prodigios y señales entre el pueblo, lo que lo hizo un personajes visible entre los hebreos que miraban con recelo a este grupo de personas seguidoras de un tal Jesús que había muerto en la cruz, pero que ellos aseguraban, estaba vivo. 

Su conocimiento de la Escritura era tan diestro que los miembros de por lo menos cinco sinagogas discutían con él. Lucas las enumera así: 1. La de los libertos o esclavos libertados. 2. La de los de Cirene, una de las más radicales. 3. La de Alejandría, de donde procedía Apolos. 4. La Cilicia de donde provenía Pablo y 5. La de Asia, donde se asentaban las más grandes comunidades hebreas. 

Todos ellos eran estudiosos de escuelas judías muy reconocidas y todos juntos discutían con Esteban sobre Jesús. Ellos negaban su divinidad y Esteban afirmaba que era el Mesías con argumentos y explicaciones basadas exclusivamente en la palabra de Dios, sin que pudieran rebatirle o derrotarlo con argumentos sólidos.

La realidad es que no podían con la sabiduría de Esteban porque era un hombre entregado a la obra de Dios con una consagración indiscutible en el estudio, meditación y reflexión de las Escrituras. Era un docto, no un neófito en la recién nacida fe en Jesucristo, el Hijo de Dios que vino a salvar todo lo que se había perdido. 

Esteban fue un hombre que nos muestra que la fe se defiende con razonamientos, con conocimiento y sobre todo con vehemencia. Fue tal su determinación de defender con la revelación divina la doctrina de Jesús que al no poder derrotarlo con argumentos de la palabra de Dios, lo acusaron con testigos falsos y finalmente lo lapidaron. 

La lección de vida de Esteban es que no importa cuantos detractores o enemigos tenga nuestra fe, si basamos nuestra confianza en lo que dice la Escritura indudablemente podremos hacer frente a cuantos vengan a intimidarnos por creer en Jesús.   

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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