La Biblia dice en Jueces 17:20

“Sansón se despertó, creyendo que se libraría como las otras veces, pero no sabía que el Señor lo había abandonado.”

La historia de Sansón es muy aleccionadora sobre la forma en que podemos desperdiciar las grandes bendiciones con las que el Señor colma nuestras vidas, tratando de huir del propósito que Dios nos ha dado y refugiándonos en nuestras limitadas capacidades para enfrentar los desafíos que llegan a nuestra vida con motivo de nuestras rebeliones.

Este hombre, fue escogido por Dios antes de nacer y se le impuso el voto del nazareato descrito en el libro de Números que se instrumentó para que los hebreos se consagraran por un tiempo determinado a Dios sin probar diversos productos de la vid, abstenerse de contacto de cualquier clase de cadáver y dejarse crecer el cabello, entre otras.

De esa forma o bajo esas características en Israel se sabía que personas habían tomado la decisión de apartarse para Dios por semanas, meses y hasta años como una expresión de consagración total al Señor en un punto determinado de su vida adulta, sin embargo en el caso de Sansón su apartamiento vino desde el vientre de su madre.

En su caso, el voto del nazareato le trajo una fuerza descomunal otorgada por Dios como una concesión particular para cumplir con la voluntad de Dios, pero ligada al crecimiento de su cabello que no era otra manifestación qeu su entrega a Dios, no era el pelo lo que lo hacía fuerte, sino el símbolo de apartamiento a Dios a través del cabello largo.

Sin embargo, Sansón fue descuidado con los dones y talentos que Dios le dio, primero no tuvo precaución del contacto con animales muertos, luego tuvo por mujer a una extranjera llamada Dalila, quien finalmente accedió a las pretensiones de los filisteos para que a cambio de dinero descubriera de Sansón su fuerza.

El juez de Israel jugó con ella engañándola sobre el origen de su fuerza una y otra vez, y cuando por fin le dijo la verdad, ella le cortó el cabello y Sansón pensando que todo sería como siempre, se levantó, pero ya no tuvo la fuerza que siempre poseyó y entonces fue apresado. El libro de Jueces es muy claro al decir que Dios lo abandonó.

Pero eso sucedió una vez que Sansón de manera reiterada olvidó su llamado, descuidó sus dones y talentos y no le importó absolutamente nada su consagración a Dios. Entonces tuvo que experimentar esa terrible soledad que viene de vivir sin Dios, de sobrellevar los problemas sin el auxilio divino. Pero, entonces, también vino el arrepentimiento.

Descubrió Sansón que los dones de Dios se deben cuidar, amar, proteger y usarse para el fin que Dios nos los dio. No se deben exponer y usarlos para nuestro propio beneficio, sino entregarlos para quienes son enviados a través de nuestras vidas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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