La Biblia dice en 1ª de Corintios 3:10

“Yo soy el maestro albañil al cual Dios permitió poner los fundamentos, y otro está construyendo sobre ellos. Pero cada uno debe tener cuidado de cómo construye.”

Hay edificios romanos que luego de varios siglos permanecen entre nosotros. El Coliseo de la ciudad de Roma, la Vía Apia, el gran mausoleo de Augusto César y otros muchos son testimonios vivientes de la gran capacidad y experiencia de construcción que tenían los ingenieros, arquitectos y albañiles de ese poderoso imperio.

Los encargados de esas monumentales construcciones eran llamados peritos constructores y Pablo usa esa figura para una profunda reflexión entre los creyentes de la iglesia de Corinto que había fundado y que ahora enfrentaba profundos problemas doctrinales y de prácticas cristianas que era necesario exhortarlos.

Pablo compara a la iglesia con un edificio y la responsabilidad suya fue la de cimentar la edificación, pero a cada discípulo le corresponde edificar o construir sobre esa base o cimiento para hacer una obra perdurable, es decir una construcción que pese a los fenómenos naturales y el tiempo pueda permanecer.

Pablo quería que las obras de los corintios fuera ejecutadas con todo cuidado como lo hacían los constructores con los caminos, puentes, teatros y toda clase de construcción que llevaban a cabo y que hoy podemos admirar todavía gracias a que se esmeraron usando material de calidad y pusieron toda su laboriosidad.

Por eso su advertencia sobre tener cuidado cómo construye porque podemos ver que si se construye mal el edificio se puede caer, el puente o camino puede colapsar y todo el trabajo, el dinero y esfuerzo se tiran a la basura porque una simple lluvia puede tirar o destruir lo hecho.

Entendemos de esa forma que la vida cristiana es como un edificio en construcción y hay que ponerle el mejor material y sobre todo el mejor esfuerzo. No podemos ser descuidados a la hora de construir tenemos que ser muy cautelosos para que así como los edificios romanos que hoy vemos, nuestras obras permanezcan.

No olvidemos que nosotros construimos lo que mañana va a ser admirado o algo que va a producir vergüenza.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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