La Biblia dice en Juan 13: 17

“Si entienden estas cosas y las ponen en práctica, serán dichosos.”

Así remató Jesús su explicación sobre por qué había lavado los pies de sus discípulos, una acción reservada para los esclavos y que había dejado perplejos a sus apóstoles porque no daban crédito al hecho de que Jesús siendo su Maestro y con tantos poderes sobrenaturales hubiera descendido tanto en la escala social para mostrarse como un sirviente. 

El lavamiento de pies como se conoce a este pasaje dejó impresionados e impactados a los doce porque no lograban asimilar que su Mesías tomara una toalla y una palangana con agua y comenzara a limpiar los sucios pies de sus seguidores. Simplemente les resultaba incomprensible. 

Pero el mensaje era certero y perfectamente claro: la vida de los seguidores de Jesús es una vida de servicio. De principio a fin los cristianos han sido llamados a servir, a hacer por los demás sin ninguna otra razón que la de seguir las pisadas del Maestro que se despojó de toda dignidad y arrogancia para sencillamente lavar los pies de los suyos. 

“Les he dado ejemplo para que como yo hecho, ustedes hagan”, les dijo al tiempo de señalarles la necesidad de lavar los pies unos de otros, es decir, servirse unos a otros, sin más interés que el de cumplir con la voluntad de Dios y nada más. Nada de ventajas, ni mucho menos recompensas humanas. 

Una vez dicho eso precisó que si se logra entender eso y se pone en práctica los seguidores de Cristo serán dichosos. Servir, entonces, implica un proceso cognitivo: primero se debe entender, comprender y saber que es necesario servir, luego una vez entendido, hacerlo para de esa forma encontrar alegría. 

Jesús quería que sus discípulos, y también nosotros, comprendiesen que servir va más allá de una teoría, que servir reproduce en nosotros el carácter de Cristo, que lo imitamos cuando nos despojamos de nuestro orgullo y nos ponemos al servicio de nuestro prójimo, sin esperar nada a cambio. 

Y justamente allí se gesta la expresión más genuina del cambio que Dios ha operado en una persona: ha dejado de vivir para sí y ha comenzado a vivir para otros, haciendo su mejor esfuerzo, trabajando por ayudar a quien más lo necesita. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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