La Biblia dice en Eclesiastés 3:8

“Un momento para el amor, y un momento para el odio. Un momento para la guerra, y un momento para la paz.”

Los planteamientos del libro de Eclesiastés son siempre inquietantes porque son verdades expresadas con toda crudeza debido a que son la experiencia que se vive debajo del sol, como el autor de ese valioso libro llama al devenir de la humanidad sobre esta tierra, y eso puede o no puede gustar, pero es lo que se vive.

En esta vida el hombre encontrará tiempos para el amor y también tiempos marcados por el odio, dice el Predicador, como se traduce la expresión Eclesiastés en el español y también descubrirá tiempos para la guerra y tiempos para la paz, lo que significa que la vida no solo se trata de amor, sino también de odio y no solo de paz, sino también de guerra.

Me concentrará en esta meditación sobre el tiempo para el amor y tiempo para el odio que establece el Qohelet como se nombra en hebreo a este libro escrito por Salomón, quien descubrió que a su paso por esta tierra el hombre conoce del amor, pero también experimenta el odio.

Los podemos ver desde dos ángulos: pasiva y activamente. Pasivamente el hombre es amado, pero también es odiado. El hombre desearía solo ser amado, pero debemos entender que habrá tiempos donde descubriremos que la gente o determinadas personas nos odian, nos aborrecen y tratan de hacernos mal.

Activamente el hombre puede amar, pero también puede odiar, es decir puede experimentar amor, pero puede también odiar. Amar a sus seres queridos y odiar a sus adversarios. Para entender lo que Salomón quiere decir debemos tener en claro que está presentando lo que sucede en este mundo, no lo ideal o lo que quisiera que sucediera.

En otras palabras nos está ofreciendo un diagnóstico de lo que representa vivir. Sin romanticismo, sin ingenuidad y sin ninguna clase de idealismo. El hombre ha de enfrentar tiempos de amor y odio. Cuando es amado debe disfrutarlo al máximo y cuando es odiado, debe considerar que forma parte de la existencia humana.

En la vida descubrirá el amor y eso lo llenará de satisfacción, pero también habrá de conocer el odio y ante ello deberá responder con sabiduría y con prudencia. Pensar que en esta vida solo habrá amor es equivocado, también hay odio y a veces odios demenciales, pero también debe saber que hay una clase de amor que trasciende el tiempo y el espacio.

En esta vida, entonces, hay odio y hay amor. Esa es una triste realidad. Se disfruta el amor y se padece el odio, pero son las dos caras de una misma moneda llamada vida y debemos estar consciente de ello para no sentirnos frustrados o decepcionados esperando que solo seremos amados porque también seremos odiados.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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