La Biblia dice en 2ª de Corintios 2:11

“Así Satanás no se aprovechará de nosotros, pues conocemos muy bien sus malas intenciones.”

Pablo describe dos de las malas acciones del maligno en el verso que hoy meditamos: 1. Se aprovecha de ciertas actitudes de los creyentes y 2. Tiene malas intenciones. Por ello es necesario conocer para no quedar atrapado en sus garras sino evitar a lo sumo para vivir libres de su control e influencia.

¿Qué es lo que Pablo descubrió del maligno y se lo compartió a los cristianos de la iglesa de Corinto y de todas las edades? El apóstol se percató que la falta de perdón es un terreno fértil para que el diablo siembre la discordia y se aproveche de los creyentes, ya que la falta de perdón irremediablemente lleva al rencor, al resentimiento y finalmente a la amargura.

Una alma libre es una alma que sabe perdonar las ofensas, las calumnias, las difamaciones, los agravios de toda clase y perdonar es olvidar, significa desalojar de nuestra memoria de las afectaciones, el dolor causado y las heridas provocadas por personas que con o sin conocimiento nos afectaron en nuestra vida material o moral.

No de en balde la primera palabra que Cristo mencionó en la cruz fue justamente Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. No de en balde una y otra vez enseñó la necesidad de perdonar con parábolas como la de los dos deudores o mostrándole a Pedro que al hermano se le debe perdonar setenta veces siete, es decir de manera indeterminada.

¿La razón? Un corazón que no perdona le está abriendo las puertas al maligno para que se aproveche de él. Le está dejando entrar a su vida y tarde o temprano terminará arruinándola porque la falta de perdón carcome, es un como un cáncer que va consumiendo parte por parte la vida de una persona.

Pablo había sido agraviado por muchos en la iglesia de Corinto. Le habían dicho de todo, se habían burlado de su físico, se mofaron de su apostolado argumentando que él no había estado con Jesús como Pedro, Juan, Tomás, Felipe y los demás, pero él olvidó y perdonó esos agravios para no darle oportunidad al maligno de aprovecharse de su persona.

Una de las grandes maquinaciones del maligno es justamente llevarnos al terreno del odio, de la rencilla, del rencor, del resentimiento porque al ponernos allí nos tendrá atrapados y no podremos servir a Dios con libertad, por eso Pablo le pide a los Corintios que perdonen a quienes los han difamado ya que él haría exactamente eso.

El perdón siempre será un reflejo del perdón que hemos recibido de Cristo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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