La Biblia dice en Hechos 1:4

Cuando todavía estaba con los apóstoles, Jesús les advirtió que no debían irse de Jerusalén. Les dijo: Esperen a que se cumpla la promesa que mi Padre les hizo, de la cual yo les hablé.

Los cincuenta días entre la muerte de Jesús y la llegada del Espíritu Santo a la tierra fueron de espera para los discípulos del Señor. Lucas nos relata que Cristo les pidió a los apóstoles que no salieran de Jerusalén, sino que se quedaran allí. Él estuvo con ellos por un espacio de cuarenta días después de su resurrección, enseñándoles y aclarándoles muchas verdades que ellos no entendían.

Pero tuvieron que esperar diez días en los que la incertidumbre, las interrogantes de lo que tendrían que hacer no tuvieron respuesta, sino un silencio ensordecedor para esos hombres que acompañaron a Jesús durante su ministerio terrenal, vieron sus grandes señales y maravillas, pero también presenciaron su brutal muerte y luego su resurrección.

Muchos de ellos tenían planeado salir de Jerusalén. Las razones era muchas. Había hostilidad sobre ellos. Algunos no tenía casa allí. Algunos no eran de esa región. Y algunos ya querían hacer algo con todo lo aprendido. Pero la orden de Jesús fue que esperaran en la ciudad que lo vio morir.

Esa fue una última lección para sus discípulos: enseñarles el difícil arte de esperar una promesa que en retrospectiva no era muy tardada porque solo era de diez días, pero para ellos como muchos de nosotros cuando tenemos una apuración, un decena de días es un espacio de tiempo muy largo.

Pero tenían que esperar, tenían que permanecer con firmeza en ese lugar hasta el tiempo que ellos no sabían como nosotros no sabemos cuánto habremos de esperar para que Dios nos otorgue una promesa que nos ha hecho. Desesperados como somos queremos que todo sea rápido. Queremos que Dios sea veloz, pero él actúa siempre de acuerdo su sabiduría.

Esperar en Jerusalén representó para los apóstoles todo un reto y desafío como para nosotros representa una gran lucha esperar en un lugar y un tiempo donde parece que no obtendremos nada o que definitivamente en una ubicación y tiempo particularmente adversos para nuestras pretensiones.

Nuestra inconformidad cuando somos desafiados de esa manera debe combatirse al ver el resultado que tuvieron los apóstoles al no salir de Jerusalén: fueron revestidos del poder de Dios y ese es uno de los grandes beneficios que trae consigo el difícil arte de esperar: el revestimiento de la gloria del Señor en nuestras vidas.

Un creyente que sabe esperar será siempre un creyente lleno de la esperanza que satisface los corazones y les da una razón para seguir adelante.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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