La Biblia dice en Génesis 9:8-17

Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: 9 He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; 10 y con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra. 11 Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.12 Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: 13 Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. 14 Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. 15 Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne. 16 Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra. 17 Dijo, pues, Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra.

Introducción

Dios hizo un pacto con Noé. Ese acuerdo, trato, contrato fue perpetuo, es decir sin tiempo determinado. Lo hizo tanto con Noé como con todo ser viviente y además le puso una señal en el cielo para mostrarle al hombre y recordarle la vigencia de ese pacto en todo tiempo y en todo momento.

En los diez versos de nuestro pasaje que meditamos en esta ocasión aparece siete veces la palabra pacto. En tres de esas ocasiones el Señor se apropia del trato que hace con el hombre porque en dos ocasiones dice “mi pacto” y en una ocasión más “el pacto mío”, con ello entendemos que fue una iniciativa del Señor, no del hombre.

El diluvio fue un evento o suceso que mostró en todo su poder a Dios, pero sobre todo expresó de forma incontrovertible su justicia y la fuerza de su grandeza cuando decide mostrar su fastidio, enojo y molestia con el pecado reiterado de los seres humanos o su abierta rebeldía.

A. Un pacto perpetuo

El verso doce de nuestro estudio dice de la siguiente forma:

Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos.

Y el verso dieciséis dice de la siguiente forma:

Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.

La palabra perpetuo que usa el texto nos lleva a pensar en un acuerdo sin fin o sin fecha de caducidad, lo que se traduce en términos sencillos que Dios no volverá a destruir el mundo con un diluvio. El carácter eterno del contrato entre Dios y la humanidad revela la intención del Creador de no volver a exterminar al hombre con agua.

El trato al que compromete el Señor lo hace tanto con Noé sus hijos, pero fundamentales como todos sus descendientes, es decir nosotros, pero también con todo ser viviente que está con vosotros; aves, animales y toda bestia de la tierra que está con vosotros, desde todos los que salieron del arca hasta todo animal de la tierra, como dice el verso diez.

Dios ha dejado en claro que no volverá a actuar de la misma manera que lo hizo con la generación de Noé, pero esa decisión nace no de admitir que su actuación estuvo mal o que se extralimitó con la humanidad, de ningún modo, sino nace de la triste y lamentable condición del hombre inclinado siempre hacía el mal.

El mal que hay en el hombre hace que siempre se incline hacia lo corrupto o la maldad y el diluvio castigó la degradación total del hombre que lo llevó a vivir sin ninguna clase de referente moral y sin ningún respeto por la vida de su semejante.

B. Un pacto para no volver a exterminar al mundo

El verso once de nuestro pasaje dice de la siguiente manera:

Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.

La palabra diluvio significa “disolver” y eso fue exactamente lo que Dios hizo cuando abrió las catáratas del cielo y las fuentes de agua de la tierra y todo ser humano, así como todo ser viviente, animales y bestias que fueron exterminadas o cortadas de tajo de esta tierra por la corrupción que se había apoderado de toda la creación.

Dios determinó que esa sería la manera en que este mundo pagaría haberse entregado a la maldad, de todas formas ellos habían comenzado a destruirse, pero con su intervención Dios quería dejar en claro que es él y no el hombre quien tiene la facultad y el derecho de determinar que hace con sus criaturas y su creación.
El pacto que Dios ha hecho con el hombre es para no volver a ejecutar una acción como la del diluvio que extinguió la vida sobre la tierra y que gracias a la fe de Noé, la especie humana no fue desaparecida de sobre la faz de la tierra.

C. Un pacto con señal visible

Del verso trece al verso quince nuestro pasaje señala lo que sigue:

Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. 14 Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. 15 Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne.

El pacto de Dios con Noé tuvo y tiene una señal: el arcoíris para recordar, tener presente o no olvidar que el diluvio fue una realidad, no un invento o un relato fantástico escrito por un hombre o mujer para asustar o llenar de miedo a sus lectores, pero sobre todo para entender que no volverá a ocurrir.

El arcoíris es un diseñó divino. Dios lo creó y lo muestra cada que llueve y lo ven miles de personas o incluoso millones en una comunidad, pueblo o ciudad y nos impacta porque su origen esta perfectamente explicado en el libro de Génesis, es una señal del pacto divino con toda la humanidad.

El arcoíris es un fenómeno natural de toda la humanidad, no le pertenece a los judíos, como tampoco a los cristianos porque es algo que se produce en la creación. Al decir que no es de nadie, incluyó a quienes se han apropiado de los colores del arcoíris, sin saber o con conocimiento de causa que aparece para recordar que la maldad se castiga.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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