La Biblia dice en Isaías 53:4-5

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Introducción

Isaías detalla la razón por la que Cristo tuvo que padecer en a ese grado en la cruz del calvario. Había una razón y era la condición en la que los seres humanos se encontraban a causa del pecado. La humanidad entera había caído y necesitaba con urgencia un Salvador, pero el precio para su libertad y sanidad era grande.

La triste condición humana alcanzó un nivel de depravación que Pablo nos plantea claramente en Romanos capítulo uno al señalar que habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como Dios, ni le dieron gracias, al contario se envanecieron en sus razonamientos y terminaron por oscurecer su insensato corazón.

Las personas que vieron el sacrificio de Cristo no lo comprendieron, al contrario lo tuvieron o pensaron que se trataba de alguien azotado, herido y abatido por Dios, es decir consideraron que sufría por sí mismo o a consecuencia de sus propias maldades o iniquidades, sin saber que era por ellos.

Isaías profundiza sobre las razones que hicieron necesario la encarnación y muerte de Cristo Jesús. Se trataba de atender y auxiliar a una humanidad que se entregó a pasiones vergonzosas, pues las mujeres cambiaron las relaciones naturales del sexo por otras contra naturaleza y de igual modo los varones, dejando de lado las relaciones naturales.

El diagnóstico de la humanidad es este: repletos de toda clase de injusticia, perversidad, avaricia, maldad; colmados de envida, asesinatos, peleas, engaños, malicia, difamación, calumnias, insolencia, altanería, arrogantes, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres, insensatos, desleales, insensibles y despiadados.

En pocas palabras los hombres eran y son unos completos enemigos de Dios, viviendo de acuerdo estrictamente a su naturaleza caída y por esa razón se encaminaban directamente a la perdición eterna por la maldad de sus corazones.

El doloroso camino de Cristo para salvarnos
III. Un camino necesario
A. Para sanarnos y curarnos
B. Que fue incomprendido
C. Para perdonar nuestros pecado y rebeliones

El sacrificio de Cristo era necesario. Su muerte vicaria en la cruz era indispensable para salvar a toda la humanidad. Su dolor y sufrimiento eran un exigencia para borrar el pecado de los hombres ante Dios y de esa forma volver a tener comunión con su Creador que los había diseñado para tener una estrecha relación con él.

A. Para sanarnos y curarnos

La primera parte del verso cuatro dice de la siguiente manera:

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores.

Isaías no tenía duda alguna de la obra de Cristo. La frase ciertamente denota la idea de una certeza completa, de una convicción sin duda alguna. Es decir, sin la menor sospecha estamos seguros de que Cristo llevó en su cuerpo nuestras enfermedades y padeció por nuestros dolores.

La palabra “enfermedades” procede de la raíz hebrea “choli” que tiene dos connotaciones: la primera se refiere a malestares físicos, falta de salud y perdida de sanidad, pero también se usa para referirse a la calamidad, a la pena y a la aflicción, es decir la palabra implica todo aquello que perturba al hombre no solo en lo físico, sino también en lo espiritual.

Cristo cargó en su muerte por supuesto que nuestras enfermedades, pero también todo aquello que nos aflige o nos desconsuela. Los seres humanos somos extremadamente frágiles. Las enfermedades nos pueden quitar además de días de paz y dicha, nuestro dinero y recursos, pero sobre todo nuestra tranquilidad.

La muerte de Cristo nos recuerda justamente esa debilidad y esa gran necesidad que nosotros tenemos de él porque además de cargar con nuestras enfermedades también se llevó en su muerte nuestros dolores. La palabra dolores que usa la versión Reina Valera 1960 procede de la raíz hebrea makob que se traduce como pena y sufrimiento.

En Job 33:19 encontramos esta palabra de la siguiente manera: “El hombre es probado en el lecho del dolor y por el continuo temblor de sus huesos.” La palabra apela a una clase de aflicción y mortificación que las personas pueden tener ante una desgracia personal o familiar.

Aún esa clase de dolor Cristo llevó en la cruz. Su muerte nos ayuda a vivir esos azarosos días en los que la aflicción llega de repente a nuestras vidas y traspasa nuestros corazones sin entender por qué sucede o por qué nos ocurre a nosotros esa clase de calamidades.

B. Que fue incomprendido

La segunda parte del verso cuatro dice de la siguiente manera:

y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Isaías no puede ser más preciso sobre la gran contradicción que la humanidad tiene frente al sacrificio de Cristo. Los hombres de su tiempo y aún los de ahora piensan que padeció por sí mismo y para sí mismo, sin saber que en realidad todo lo que le sucedió fue para ayudarnos a nosotros.

El profeta nos dice cómo lo vieron los hombres de su tiempo a Jesús y cómo lo siguen viendo aún hoy en día algunos: como azotado, herido de Dios y abatido. Algunas versiones traducen estas tres expresiones de la siguiente manera: “castigado por Dios, golpeado y humillado”.

Fue impresionante y conmovedor lo que vivió que muchos solo se quedan con eso, es decir solo logran ver a un hombre que sufre como ningún otro, un hombre que va a la muerte por lo que cree, pero sin lograr asimilar que ese hombre padeció todo lo que sufrió por otro u por otros, es decir, por nosotros.

La gente tuvo a Cristo por alguien a quien Dios había herido, castigado y humillado, pero en realidad todo eso lo hizo porque nosotros necesitábamos con urgencia la salvación de nuestras almas.

C. Para perdonar nuestros pecado y rebeliones

El verso cinco de nuestro texto que meditamos dice lo siguiente:

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

La tortura que vivió Cristo en la cruz tuvo como razón esencial que Dios perdonara nuestras rebeliones, nuestros pecados y que pudiéramos recuperar la paz y que fuéramos curados. Para lograr esto el Mesías fue herido, fue molido, fue castigado y fue llagado para darnos perdón, paz y sanidad.

Irremediablemente nos conduce a la cruz. Allí Jesús fue herido. La palabra procede de la raíz hebrea chalal que significa herir, golpear y también asesinar. Las heridas que a Jesús le hicieron en la cruz le provocaron la muerte. Fue herido mortalmente en ese madero con tal de que nuestras rebeliones fueran perdonadas.

Pero además fue molido. La palabra procede de la raíz hebrea daka que se traduce como opresión y aplastar. Los pecados de los hombres fueron perdonados gracias a que Cristo fue aplastado y oprimido.

Para tener paz con Dios o reconciliarnos con el Creador fue necesario también que el fuera castigado.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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