La Biblia dice en Isaías 53: 2-3

Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. 3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.

Introducción

La soledad de Cristo comenzó la noche del viernes cuando fue detenido por una turba que encabezaba Judas, quien lo delató por treinta monedas de plata y condujo a los guardias del templo para que lo detuvieran y lo remitieran ante el sumo sacerdote y luego el sanedrín para ser juzgado.

Todas las horas posteriores hasta su crucifixión estuvo solo. Los discípulos y todos aquellos que habían gritado unos días antes reconociéndolo como el Hijo de David lo abandonaron y solo Juan y algunas otras mujeres presenciaron su injusto juicio y posterior ejecución en la cruz del calvario.

Isaías lo presenta como un hombre sin atractivo, ni hermosura, de tal forma que se convirtió en un indeseable que fue despreciado, desechado en vista de que el sufrimiento cayó sobre él como una losa pesada y la soportó hasta la muerte. Fue tal su dolor que muchos optaron por mirar a otro lado antes que contemplarlo a él.

Isaías tiene claro que la condición que tuvo en la cruz hizo que fuera menospreciado y nadie lo estimara ni se quisiera asociar con él debido a que cualquiera que se relacionara con su persona corría el riesgo de seguir su suerte y eso nadie quería experimentarlo porque el dolor que padeció fue inhumano.

El profeta nos ofrece así la descripción de un hombre que vivió en carne propia el sufrimiento y dolor y en consecuencia el abandono y la soledad que viene del rechazo natural que todos tenemos a los padecimientos de los demás y aún en ocasiones de los propios.

El doloroso camino que transitó Cristo para salvarnos lo hizo en solitario. Así es la experiencia de la lucha contra las adversidades que llegan a nuestra vida. La enseñanza que nos deja el ejemplo de Cristo es que su auxilio será primordial y de gran valor porque antes que todos nosotros él padeció primero.

El retrato que hace Isaías del Mesías sufriente es una descripción clara de lo que vivió nuestro Salvador. La manera en que enfrentó la redención de los hombres tan necesitados de salvación.

El doloroso camino de Cristo para salvarnos

II. Un camino solitario
A. Como una planta en el desierto
B. Como alguien sin atractivo
C. Como alguien a quien no se quiere ver

Isaías es crudo y realista al describir a Cristo en la cruz. Al plasmar los sufrimientos de Jesús, el profeta manifiesta la crueldad con la que fue tratado porque quedó en manos de unos cuantos, a merced de sus bestiales e inhumanos tratos que lo hicieron padecer y sufrir sin que tuviera culpa de nada.

A. Como una planta en el desierto

La primera parte del verso dos dice de la siguiente manera:

Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca.

La versión la Biblia de la Iglesia de América traduce este verso así: “Creció en presencia del Señor como un retoño, como raíz en tierra árida”, una figura retórica que utliza el profeta para señalar que el Señor Jesús se manfiestó en un terreno inhóspito, en un lugar extraño y sobre todo en un terreno hostil.

El Señor no apareció en las mejores condiciones, ni mucho menos en la mejor compañía, bueno en realidad apareció solo. La soledad fue su compañera desde que arribo a este mundo. Solo con sus padres en el pesebre. Solo en Egipto, solo en desierto, solo en el Getsemaní y solo en la cruz.

Isaías nos muestra que a pesar de esas condiciones tan desfavorables, el Señor logró su cometido porque estaba dentro de los planes y propósitos de Dios, lo que nos conforta mucho porque de tiempo en tiempo habremos de estar solos y entonces requeriremos de la fortaleza y esa nos vendrá cuando miremos al siervo sufriente que nos presenta Isaías.

B. Como alguien sin atractivo

La segund parte del verso dos dice de la siguiente manera:

No hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.

La versión Dios Habla Hoy traduce este texto así: “No tenía belleza ni esplendor, su aspecto no tenía de atrayente.” En tanto que la Nueva Versión Internacional dice al respecto: “No había en él belleza ni majestad alguna; su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable.”

Esta es la descripción de un hombre padeciendo la muerte más horrorosa a través de la cruz romana, inventada por su ejército para castigar públicamente a quienes consideraban enemigos del imperio romano.

A nadie le parecía atractivo alguien que sufría por morir de esa manera. Por eso el profeta dice con toda claridad que la soledad de Cristo fue inmensa porque alguien colgado en el madero provocaba toda clase de sentimientos, pero no atracción o interés. Era un reo en los tiempos Roma.

Por eso fue abandonado por todos porque nadie quería ni siquiera verlo y menos tener algún vínculo con él.

C. Como alguien a quien no se quiere ver

El verso tres de nuestro estudio dice de la siguiente manera:

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.

La experiencia de Cristo fue dolorosísima en la cruz. En ese instrumento de tortura, además del dolor físico, vivió de manera lamentable el desprecio, el rechazo, la apatía, el menosprecio y la falta de estima a su persona. Todas estas descripciones nos hacen ver lo solo que quedó.

Allí nos mostró que fue un varón de dolores y un hombre experimentado en quebranto. Fue su sufrimiento terriblemente desgarrador porque no solo fue físico sino también moral. No se trató solamente de padecer materialmente, sino también en el interior de su ser. Los dos malhechores que murieron con él fueron castigados en su cuerpo, pero Jesús no.

A Jesús se le laceró el alma, se la castigo en su ser interno al abandonarlo de una manera abierta y grosera como podemos apreciar en los evangelios que dan cuenta de todos los padecimientos del Señor.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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