La Biblia dice en Jeremías 10: 1-5

Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. 2 Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. 3 Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril.

4 Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. 5 Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder.

Introducción

La naturaleza nos regalará uno de los eventos astronómicos más esperados de este año: el eclipse solar del próximo 8 de abril, el cual será visible en México, Estados Unidos y Canadá. El denominado Gran Eclipse de América del Norte podrá ser visto desde varias regiones de México.

La última vez que México vivió un eclipse total de sol fue en 1991, cuando durante varios minutos la luna bloqueó completamente la luz del sol y sumió en la oscuridad a ciudades enteras durante el día. Ahora, más de 30 años después, las nuevas generaciones tienen la oportunidad de ver este evento por primera vez en su vida.

En casi todas las mitologías de la antigüedad el Sol y la Luna han ocupado un lugar central, señalando con su presencia no sólo el origen, sino también el sostén de la vida. Los antiguos egipcios representaban al Sol, alternativamente, como un disco de fuego, un león o un navegante, y le dieron un nombre: Ra, fuente de calor y de luz.

Thot, el dios lunar, era el protector de las artes y de la escritura, inventor del cálculo y del calendario, y habitaba en el corazón de Ra. En la mitología babilónica, estas dos divinidades, en las cuales se origina la vida, se reunían bajo una misma figura: Marduk, cuyas facultades se repartían entre sus funciones diurnas (el gobierno de la ciudad de los dioses) y sus funciones nocturnas (iluminar la noche y proteger el reino de los muertos).

Para los griegos, Helios y Selene jugaban también un juego mutuo y compartido que los ligaba y los confundía incesantemente. Representaban al Sol como un carro tirado por cuatro caballos, que todas las tardes se hundía en las profundidades marinas abandonando a la Luna la bóveda celeste.

Y cada año lo ofrendaban precisamente así́: arrojando al mar un carro tirado por cuatro caballos. Desde entonces, la tradición popular ha perpetuado la imagen del Sol y la Luna como dos extraños amantes que no cesan un instante de perseguirse, anhelando quizá́ un encuentro imposible. (Tomado de la Gaceta de la UNAM).

Sin miedo a las señales del cielo

A. Aunque las naciones teman
B. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad

A. Aunque las naciones teman

Cuando el profeta Jeremías asumió su ministerio profético, las costumbres de los pueblos caldeos habían llegado ya a Canaán y sus insólitas y extravagantes creencias eran moneda corriente entre los pueblos asentados alrededor del pueblo de Israel. Tan fuerte era la influencia que los propios hebreos cayeron en sus errados conceptos.

La astrología que nació en Babilonia se convirtió de esa manera en una práctica muy común entre los judíos del tiempo de Jeremías a tal grado que de pronto todo lo que sucedía en el cielo: las formación de las constelaciones, la caída de un meteorito y por supuesto un eclipse lunar o solar era motivo de zozobra e inquietud entre los pueblos cananeos.

Llegó a tal punto que un fenómeno natural tenía las más descabelladas interpretaciones por parte de los oráculos paganos que aseguraban que los astros celestes influían directamente en la vida de las personas. Así nació la astrología que llevó luego a las personas a la magia, la lectura del café, del tarot, la cartomancia y todas esas actividades paranormales.

Los fenómenos naturales se convirtieron de esa forma en eventos que asustaban en lugar de producir alabanza y adoración a Dios por su control total y absoluto de su universo, por gobernar con sabiduría infinita su creación y por darnos espectáculos extremadamente sorprendentes con el sol, la luna, las estrellas y las constelaciones.

El profeta Jeremías es enviado al pueblo de Israel para recordarles que en todos los rincones del universo Dios domina y nada, absolutamente nada, escapa a su control y dominio y un eclipse como el que ocurre este 7 de abril del 2024 forma parte de su gobierno perfecto sobre su creación.

B. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad

El profeta Jeremías quería que sus contemporáneos entendieran que esas creencias tenías bases idolátricas. Las señales del cielo eran usadas por sus “expertos” para promover y acentuar las creencias en los dioses paganos que no tenían nada de extraordinario pues eran elaborados con madera, piedras preciosas y toda clase de material perecedero.

Los pueblos caldeos y cananeos asociaban los fenómenos celestes a sus dioses. Por eso Jeremías se apresta a aclarar que esa es una mentira porque en realidad las deidades de esos pueblos y de otro también no tenían capacidad ni para hacer el bien ni mucho menos para hacer mal.
Pero, los pueblos de esas tierras así lo pensaban y el pueblo judío fue arrastrado cayendo en la creencia que los ídolos mudos, ciegos y sordos podían hacer algo en contra de las personas y les rindieron tributo en lugar de reconocer que los cielos cuenta la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

Los dioses de los pueblos son vanidad, dice categórico Jeremías para recordarle a su compatriotas que los ídolos que veneraban sus pueblos vecinos no eran nada, no representaban nada y no tenían capacidad de nada.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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