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jueves, mayo 13, 2021
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El efod de Gedeón: La marca de la casa

La Biblia dice en Jueces 8: 24-27

24 Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición; que cada uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de oro, porque eran ismaelitas). 25 Ellos respondieron: De buena gana te los daremos. Y tendiendo un manto, echó allí cada uno los zarcillos de su botín. 26 Y fue el peso de los zarcillos de oro que él pidió, mil setecientos siclos de oro, sin las planchas y joyeles y vestidos de púrpura que traían los reyes de Madián, y sin los collares que traían sus camellos al cuello. 27 Y Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su ciudad de Ofra; y todo Israel se prostituyó tras de ese efod en aquel lugar; y fue tropezadero a Gedeón y a su casa.

Introducción

Gedeón nació y vivió en medio de la anarquía espiritual y si bien gracias a su valor y arrojo el pueblo de Israel fue liberado de la opresión madianita, el fin de sus días retomo el cauce con el que había transcurrido su infancia. Sirve aquí la frase “infancia es destino” para recordarnos que somos lo que hicieron de nosotros los primeros años de vida.

La derrota de Madián por medio de Gedeón fue precedida por un evento que conmocionó a la ciudad de Ofra: la destrucción del altar de Baal y el corte de imagen de Asera, ambas deidades cananitas que su padre de nombre Joás tenía en esa ciudad. Por ese hecho Gedeón fue llamado Jerobaal que significa contienda Baal contra él.

La historia de este juez la encontramos relatada en los capítulos seis al ocho del libro de los Jueces que se resume de la siguiente forma: En aquellos días no había rey en Israel y cada uno hacía lo que bien le parecía. En medio de este caos y desorden espiritual y en consecuencia grave dificultad social vivió Gedeón.

Nos impresiona la manera en que derrotó a los madianitas y es digno de reconocer, pero en esta ocasión quiero abordar una parte de la vida de este hombre que nos servirá para reflexionar sobre la familia sobre todo en lo relacionado con la formación de nuestros hijos e hijas.

Por supuesto que muchos de quienes escuchan este estudio podrán decirme que ellos no tienen hijos, pero el estudio de esta ocasión pretende también que descubramos o entendamos nuestra forma de ser a partir de hacer una análisis de lo que fueron nuestros primeros años de vida.

Porque la gran pregunta que uno se hace cuando uno lee la vida de Gedeón, en particular de sus últimos días es: ¿cómo un hombre que conoció de primera mano la diestra del Señor y que contempló con sus ojos como era liberado Israel de un poderoso enemigo terminó sus días edificando un altar que desvió todavía más a Israel y que le hizo troperzar a él mismo y tamibén a su famila?

El efod de Gedeón: La marca de la casa

A. Una marca indeleble
B. Una marca en la sociedad
C. Una marca para la familia

El mundo infantil es un mundo de ensueño. Los pequeños viven a expensas de sus padres. Viven confiados de todo. Aun en las condiciones más deprimentes los niños saben reír y jugar y solo en cuando los padres son incapaces de prodigarles amor y los maltratan su natural alegría se pierde para siempre.

Hablar de los pequeños es hablar de un asunto de vital importancia para todos. Montesquieu, el padre de la sociología y pedagogía solía afirmar que a los niños o los educas o los padeces. La sociedad debe en gran medida sus grandes dolores a seres que en su infancia no fueron bien conducidos o defintivamente nunca fueron dirigidos.

La historia de Gedeón nos permite acercarnos a este mundo. Al mundo infantial que se revela claramente cuando somos adultos. Los adultos somos resultados de nuestra infancia y de allí la gran relevancia de recordar y reconocer que la iglesia hace su aportación a la formación de las personas, pero el hogar será siempre la gran escuela.

Reflexiono en este tema porque el confinamiento que en estos días apenas concluyó la novena cuarentena y comenzó al decima cuarenta, aún con el semáforo verde que casi nadie cree, nos ha obligado a todos a retornar a casa y mirarnos más de las horas que antes acostumbrabamos.

Hablamos hoy de familias que se tienen que ver todo el día. Niños que tienen que pasar con sus padres el mayor tiempo posible y muchos en lugar de encontrar una oportunidad magnífica para moldear a sus vástagos, parecen encontrarse en un suplicio, sin saber que la infancia es una etapa formativa que pasa rapidamente.

La Biblia nos lleva por ideas y pensamientos en los que la familia juega un papel fundamental para todas las sociedades. La Escritura tiene una gran virtud: jamás esconde los yerros y fallas de los protagonistas de la historia de pueblo de Dios y hoy nos lleva a pensar en un hombre que repitió en su vida adulta lo que fue su infancia.

A. Una marca indeleble

Gedeón era el último hijo de Joás que vivía con su familia en lugar llamado Ofra, al norte de Jerusalén, en las tierras pertenecientes a la tribu de Manasés, uno de los hijos de José que cedió la primogenitura a Efraín en una decisión que tomó el patriarca Jacob, según nos relata el libro de Génesis.

Los abisaeritas familia a la que pertenecían Gedeón y su padre Joás son mencionados en Número 26: 30 y se les llama jezeritas como descendientes de Galaad hijo de Maquir, hijo de Manasés. Fueron de los primeros que tuvieron tierras durante la repartición de la tierra prometida.

Desde pequeño vivió en medio de una mezcolanza entre la fe en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob y las deidades de los pueblos cananitas. Su padre no solo adoró a esas dioses paganos, sino que les construyó un altar en sus propiedades que la comunidad aceptó como propio, según leemos en los capitulos seis al ocho de Jueces.

Así transcurrió su infancia. Con un padre que tenía en su hogar practicamente dos de las imágenes más idolátricas de los pueblos que Dios había ordenado tajantemente destruir tanto a Moisés como al propio Josué, pero que la familia de Gedeón había adoptado como sus dioses.

Gedeón sabía su origen como hebreo y lo que Dios había hecho con ellos en Egipto como podemos ver cuando se encuentra con el ángel de Jehová y en tono de reproche le reclama por qué ahora Dios no esta con ellos como estuvo con sus padres cuando salieron de la esclavitud egipcia.

Sin embargo junto con ese conocimiento Gedeón vivía bajo la influencia de Baal y Asera, una divinidad masculina y la otra femenina de los caldeos que adoraba su padre y todos los habitantes de Ofra.

Es muy probable que Gedeón participara en esos cultos desviados porque cuando Dios se le aparece luego de decirle que edifique un altar para el Dios verdadero, le pide que destruya los ídolos de su padre, un acto con el que Dios trató de que el juez de Israel rompiera con su infancia. Algo que en un primer momento hizo.

Sin embargo, al final de sus días volvió a esa misma práctica de su padre. Su historia nos sirve para reflexionar seriamente sobre lo que hacemos con los niños y lo que hicieron con nosotros cuando éramos niños. Lo sucedido en esa etapa de la vida deja marcado a los pequeños y a nosotros nos ha dejado marcados para siempre.

Al final de sus días Gedeón hizo lo mismo que su papá construyó un efod que los judíos adoraron y se pervirtieron y fue también mal para el propio Gedeón y su familia.

Joás, el padre de Gedeón había construido un altar para Baal y una imagen de Asera y si bien el no repitió ese mismo altar, lo que él hizo fue construir un efod con el oro de los aretes que traían los derrotados madianitas que según su peso en medidas de ese tiempo fue de mil setecintos ciclos de oro, unos 19 kilos en medidas actuales.

Con esa cantidad de metal, Gedeón construyó un efod. No hizo las imágenes de Baal y Asera, sino un efod que no son lo mismo, pero provocaron lo mismo desviaron a Israel del verdadero culto. El efod formó parte del vestuario de los sacerdotes judíos. Era una especie de casaca que se colocaba por encima de las túnicas sacerdotales.

Se ponía en el pecho del sumo sacerdote y servía justamente para colocar allí el urim y tumim, que fue construido para que los sacerdotes consultaran al Señor. El pectoral se colocaba justamente encima del efod y sobre el instrumento con el que los judíos consultaban a Dios. El efod era una prenda de tela.

Cuando leemos que Gedeón hizo un efod de oro lo que podemos comprender es que con dicho artefacto lo que este personaje buscaba era la manera de encontrar una forma para consultar a Dios, una grande equivocación porque consultar a Dios era una prerrogativa del sumo sacerdote.

B. Una marca en la sociedad

El verso vientisiete dice de la siguiente forma: Y Gedeón hizo de ellos un efod, el cual hizo guardar en su ciudad de Ofra; y todo Israel se prostituyó tras de ese efod en aquel lugar.

El dañó que causó Gedeón a Israel fue mayúsculo. El autor del libro de Jueces dice lisa y llanamente que ya no solo fue Ofra, sino todo Israel se prostituyó tras ese efod. Lo que significa varias cosas. En primer lugar que se desviaron grandemente. La palabra prostitución que usa subraya el grado de desviación en la que cayeron.

Y en segundo lugar que ya no fue solo un pueblo, sino toda la nación hebrea la que acudió a ese lugar para adorar y reverenciar una escultura de oro que ocupó el lugar de Dios para consultar al Señor. Un objeto usurpó el lugar de Dios en medio de los judíos algo que no había ocurrido con Joás.

La forma en que se educa o forma a una persona durante sus primeros años hará de él un persona de bien o la falta de cuidado y atención en su formación hará de él una persona que dañe o perjudique grandemente como fue en el caso de Gedeón que llevó a Israel a una situación compleja y muy dolorosa.

No se trata de asustar a nadie, ni tampoco de alarmar a todos, pero si de atender con prontitud y esmero lo que hacemos con nuestros hijos. No se trata de la escuela a donde los enviamos, tampoco de si los colmamos con todos los bienes y más allá de lo que necesitan, sino de la formación que estamos haciendo con ellos.
El daño que se pueden hacer o que le pueden hacer a otros surge de lo que vivieron en su infancia. Seres sin alma o sin sentimientos, sin empatía, sin solidaridad y en síntesis sin valores no surgen de ninguna otra parte, sino de la casa, el hogar y la familia. Allí reside grandemente nuestro fracaso como sociedad.

C. Una marca para la familia

El efod fue tropezadero para el propio Gedeón y su familia según nos indica el verso veintisiete al señalar lo siguiente: “y fue tropezadero a Gedeón y a su casa.

Gedeón tuvo setenta hijos y un hijo más con su concubina. Su último hijo mencionado con esta mujer fue Abimelec. Un hombre que mató a todos sus medios hermanos y solo se salvó uno, luego el murió también de tal manera que su numerosa descendencia fue reducida de setenta hijos a uno solo.

La palabra “tropezadero” que usa la versión Reina Valera 1960 procede de la raíz hebrea “moquesh” que se traduce como trampa, señuelo o cebo. Es decir lo que le sucedió a Gedeón es que el efod de oro se convirtió en una trampa que terminó destruyéndolo a él mismo y a su propia familia.

El resultado de nuestra formación durante nuestra infancia si no fue la correcta terminará por dañarnos a nosotros mismos y también a nuestra familia, es decir esposa e hijos tal como le ocurrió a Gedeón. Es una verdad que nos debe hacer pensar para pedirle al Señor que nos ayude a trabajar con todos esos malos hábitos heredados desde la infancia.

Luchamos como cristianos entre lo que Dios demanda y lo que fueron nuestros primeros años. Es una batalla que se libra diariamente porque las reminiscencias del pasado concurren a nuestra vida y necesitamos que Cristo nos ayude a luchar contra ellas. El primer paso para salir adelante es reconcer lo que sucedió en ese tiempo de nuestra vida.

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