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El futuro

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Dice la Biblia en Ezequiel 37:3

“Y me dijo: Hijo de Hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.”

Ezequiel fue un profeta que predicó a los judíos cautivos en Babilonia. La condición de los que habían sido llevados cautivos a esa nación queda expresada claramente en el salmo ciento treinta y siete en el que escribieron: Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion.

Era tal su condición que: “Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que no habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sion. ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños? (Salmos 137: 2-4)

El abatimiento sobre ellos era colosal. Su ánimo estaba no solo tirado en el suelo, sino pisoteado y a punto de conducirlos al exterminio y justo en esos días Dios le envió a Ezequiel una de las profecías más ilustrativas o un anuncio cargado de ejemplos de lo que habría de hacer Dios con su pueblo.

Dios llevó a Ezequiel en visión a un valle donde había muchos huesos. No hay que perder de vista que fue una visión no una literalidad. Y en ese lugar le lanzó una pregunta que nos muestra la humildad de este vidente ya que le contestó que él no sabía la respuesta, pero que el Señor todo poderoso si lo sabía.

La actitud del profeta contrasta seriamente con la que algunos modernos predicadores que creen tener todas las respuestas. Que piensan que pueden ordenarle a Dios o que definitivamente creen que los milagros ocurren gracias a su intervención personal y a lo que Dios puede y quiere hacer.

Los huesos iban a vivir, pero el profeta Ezequiel tuvo el gran cuidado de responder a la interrogante ¿vivirán estos huesos? Con sencillez depositando en Dios el poder para hacer o no hacer ese portento. Hoy en día alguno predicadores creen que la voluntad de ellos esta sometida a la voluntad de Dios

El futuro es una prerrogativa divina. Sólo cuando él decide nos hace partícipes de lo que vendrá en el mañana, pero mientras no haga esa concesión debemos mantenernos respetuoso de uno de los terrenos más delicados del Creador: el porvenir, porque nada sabemos de él.

Además de enseñarle sus planes y el futuro renacer del pueblo de Israel, Dios le dio una lección a su siervo de que sus decisiones se fundan siempre en su soberanía y que debemos andarnos con tiento cuando se trata del futuro porque sólo Dios sabe que hará y nosotros no somos nadie para exigirle que haga esto o lo otro.

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