La Biblia dice en Job 25:6

“¿Cuánto menos el hombre, que es un gusano, y el hijo del hombre también un gusano?”.

¿Qué es el hombre ante Dios? Esa es una pregunta que flota a lo largo de todo el libro de Job. Ese volumen de la Escritura, indispensable para saber que el sufrimiento tiene un origen que va más allá del entendimiento humano, nos lleva a considerar seriamente esa interrogante porque el dolor que experimenta ese patriarca surge más allá de lo terrenal.

Y sí, Job y sus amigos plantean a veces de manera explícita y otras de manera implícita esta pregunta: ¿Qué somos los hombres ante Dios? Y las respuestas son muchas: Frente a su eternidad, somos neblina que se aparece un poco de tiempo y luego se desvanece; frente a su poder, somos más débiles que una telaraña.

Y frente a su santidad somos justamente lo que Bildad, el amigo de Job, plantea en el verso que hoy estudiamos, somos gusanos. Me gusta como traduce este verso la versión de la Biblia de la iglesia en América porque lo hace así: “Cuánto menos el hombre, esa larva; el hijo del hombre, ese gusano.”

Ningún hombre puede presumir su justicia, su bondad, su magnanimidad o su ternura ante el Creador porque su santidad o su apartamiento del mal supera absolutamente todos los rangos existentes entre los seres humanos. No es que Dios sea santo, en realidad es la santidad misma.

y Bildad no se equivoca al establecer la lamentable condición humana frente a un Dios inmensamente Santo. Esa es la condición del hombre frente a Dios, sin embargo la Escritura también nos ofrece la manera que el hombre es visto frente al amor de Dios y allí las cosas cambian diametralmente.

Cuando el hombre conoce y reconoce el amor de Dios hacia él las cosas cambian radicalmente que dejan sorprendidos a todos. David lo estableció muy claramente en el salmo ocho cuando escribió extasiado: Qué es el hombre y el hijo del hombre para que lo visites. El amor de Dios hace posible su visitación a la humanidad.

Frente al amor de Dios, el hombre es lo más valioso y lo más importante de toda la creación. Es un ser coronado de gloria y honor que domina sobre todas las cosas creadas en los cielos y en la tierra.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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