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martes, mayo 11, 2021
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El hombre habla mucho y escucha poco

La Biblia dice en Eclesiastés 5: 1-3

Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. 2 No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. 3 Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.

Introducción

Todos los seres humanos tenemos grandes dificultades para controlar nuestra lengua. Luchamos por quedarnos callados ante situaciones y personas y a veces lo logramos, pero las más de las veces sucumbimos y quedamos derrotados ante nuestra pequeñísima lengua que nos hace meternos en grandes líos.

El rey Salomón pasa ahora a descubrir uno de los grandes males que azota a la humanidad por su incontinencia verbal. Revisa puntualmente la grande batalla que se sostiene día a día con nuestras palabras, con lo que decimos, como lo decimos y donde lo decimos para llamar nuestra atención sobre le necesidad de hablar prudentemente.

Entre los judíos existe un término hebreo que denominan como “lashon jara” o lengua maligna. Es aquella que hace que las personas hablen o digan mentiras, calumnien, difamen e injurien a las personas para dañar su reputación o buena fama sin reparar en el daño que le hacen a los demás y se hacen a ellos mismos.

Pero Salomón no nos va hablar de esa clase de palabras o expresiones que surgen de nuestra boca. Nos va hablar de aquella que surge por nuestra falta de prudencia en un lugar sagrado o lo que él llama la casa del Señor, para referirse al templo de Jerusalén que él construyó. Nos va ha hablar de nuestra incapacidad de callarnos y aprender a escuchar.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Porque habla mucho y escucha poco

I. Descuida en donde está
II. Ignora que vivir así es una necedad
III. Habla sin pensar
IV. Olvida que ante Dios es efímero

Los filósofos griegos solían decir: la palabra es oro, el silencio es plata para enseñar a sus ciudadanos a cultivar el difícil arte de quedarse callado y guardar silencio, en lugar de hablar y hablar. En todas las culturas encontramos este mal y también encontramos llamados vehementes a guardar silencio.

Salomón sabe de lo que escribe. En su libro de los Proverbios encontramos decenas de sentencias relacionadas con ese tema. Nuestras relaciones humanas se cultivan o se destruyen por lo que dicen nuestros labios o las palabras que surgen de nuestra lengua de allí que en ese libro encontramos advertencias de este tipo:

La discreción te guardará; te preservará la inteligencia (Proverbios 2: 11)

Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido. (Proverbios 17:28)

Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos. (Proverbios 18: 20-21.)

Y hay muchos más que escribió el rey sabio de Israel para enseñarnos la importancia de cuidar lo que decimos o lo que hablamos.

I. Descuida en donde está

Una de las primeras cosas que las personas debemos comprender o entender para no meternos en problemas con nuestros labios es saber donde estamos. Salomón le pide a sus lectores poner atención cuando están en la casa de Dios. Es evidente que es un recinto donde la presencia de Dios mora y debemos tener mucho cuidado.

Pero el principio para todos es que debemos saber siempre donde estamos. Mis palabras deben ser de mucho cuidado si estoy en un funeral. Debo tener precaución si estoy invitado a una fiesta donde todo es alegría. Debo dejar por allí o muy lejos mi amargura o mis tristezas.

Salomón llama la atención de todos cuando nos dice que al llegar al templo del Señor debemos guardar nuestro pie, una manera poética de decir que debemos extremar precauciones. No estamos en cualquier lugar. Estamos ante la presencia del Dios Todopoderoso y es inadmisible descuidar lo que hablamos.

Justo aquí es donde introduce la necesidad que tenemos de aprender a escuchar. Para escuchar es indispensable aprender a guardar silencio. Es un desafío permanecer callados en lugar o ante una persona. Cinco, diez, quince minutos. Un hora o varias horas. Salomón desea fervientemente que nos quedemos callados.

Guardar silencio en algunos momentos de nuestra vida traerá mucha salud a nuestra alma. Nos ayudará a meditar y a reflexionar. No permitirá comprender y sobre todo nos auxiliará para poner en orden todo lo que hay en nuestra mente y nuestro interior. Al llegar a la casa de Dios Salomón nos pide tener cuidado con lo que vamos a decir.

II. Ignora que vivir así es una necedad

Salomón vio que muchas personas llegaban sin cuidado al templo de Jerusalén y en lugar de ofrecer un sacrificio agradable al Creador, en lugar de ello le daban lo que él llamó “un sacrificio de los necios”, es decir una ofrenda, que si bien se hacía como lo ordenaba la palabra Torá hebrea, las palabras de quien la ofrecía contrastaba con lo que hacía.

Cuando hay una diferencia entre lo que hacemos y decimos caemos en una singular contradicción. Debe haber tal congruencia entre lo que hacemos y decimos que es necesario dominar nuestras palabras para evitar a lo sumo caer en la necedad, la simpleza, la insensatez o la falta de sentido común.

El rey de Israel fustiga a quienes llegan a la casa del Señor y apresuradamente comienzan a hablar sin tener cuidado de lo que están diciendo en ese lugar. Definitivamente dice que esta clase de personas hacen mal. Su ofrenda es rechazada ante Dios porque la hacen sin pensar en los compromisos que están adquiriendo.

Es muy importante para el Eclesiastés que sus lectores comprendan que es un grande mal hablar mucho y escuchar poco. Nos coloca en el mismo nivel que los necios. Los necios son una categoría de seres humanos sin sentido común, sin capacidad de discernir sus responsabilidades y obligaciones ante Dios y ante sus semejantes.

Una persona que vive hablando más de lo que escucha es una persona incapaz de comprender o entender lo que los demás le están diciendo, o por qué le están diciendo las cosas. Este tipo de seres generan problemas muy grandes a quienes viven con ellos o se relacionan con ellos y se acarrean grandes problemas.

III. Habla sin pensar

Dice Proverbios 5: 2

No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios.

En los versos que estamos estudiando esta es la idea que se repite una y otra vez. Que quien llega a la casa del Señor se muy prudente con sus palabras. El verso tres dice que de la multitud de las palabras viene la voz del necio.

En otras palabras Salomón nos pide que seamos muy precavidos con lo que hablamos. En otras palabras que no hablemos sin pensar. Hay un gran mal en la vida de todos cuando hablamos por hablar o peor aún cuando hablamos de lo que no sabemos o de lo que no nos consta.

El llamado del Predicador es que todos pensemos muy seriamente lo que vamos a decir para entonces saber si es apropiado o no es apropiado. Si quienes lo oirán serán edificados o los haremos tropezar.

IV. Olvida que ante Dios es efímero

Salomón nos da una razón por la que debemos cuidar lo que decimos: Dios está en los cielos y nosotros en la tierra. Una forma de recordarnos que Dios es muy grande y capaz de obrar poderosamente por encima de todos nosotros y nosotros somos tan frágiles, tan débiles, tan efímeros.

La capacidad de hablar nos fue concedida por Dios con límites y uno de ellos fue aprender a callarnos o aprender a guardar silencio. Cuando hay un desequilibrio entre lo que hablamos y lo que decimos vienen grandes problemas que el rey de Israel plantea sencillamente de la siguiente manera:

De la mucha ocupación viene el sueño y de la multitud de las palabras la voz del necio. En otras palabras así como cuando tenemos muchas actividades nos cargamos de cansancio, así de idéntica manera cuando hablamos mucho llegamos a decir tonterías que no saldrían de nuestra boca si nos quedaramos callados.

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