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sábado, julio 31, 2021
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El hombre no cumple sus promesas a Dios

La Biblia dice en Eclesiastés 5: 4-7

4 Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. 5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. 6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos? 7 Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios.

Introducción

Casi todos hemos hechos promesas. A nuestros amigos, a nuestros padres, hermanos, hijos, sobrinos, compañeros de trabajo, profesión o escuela. Es muy poca la gente que algún día no se ha comprometido con algo o con alguien. Y también muchos de nosotros no ha cumplido sus promesas.

Salomón aborda este tema de votos o promesas, pero con relación a Dios. El sabio rey de Israel se refiere a un mal extendido en su tiempo y también ahora, personas que hacen a Dios alguna promesa y no la cumplen. Ese es un mal muy grande porque con Dios no se juega uno debe cumplir sus compromisos con el Creador.

El Predicador nos enseña lo grave y peligroso que resulta hacer votos delante de Dios y no cumplirlos. Ese es el tema que tocará en los siguientes versículos para recordarnos y advertirnos que debemos ser muy precavidos a la hora de comprometernos con el Señor del cielo y de la tierra.

El hombre no está obligado a comprometerse con el Señor. Dice Salomón que es mejor quedarse callado y no hablar apresuradamente ante Dios, que hacerlo y luego olvidarse que se tiene un compromiso con él. Es muy grande la insensatez de quien hace esto porque está provocando al Creador.

Salomón sabe perfectamente que este es un mal muy común entre los hebreos por eso lanza estas palabras para reconsiderar seriamente lo que decimos ante el Señor cuando estamos en su casa o cuando hacemos oración ante él. No es un tema menor, es un tema de gran relevancia que necesitamos tener presente siempre.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Cuando no cumple a Dios sus promesas

I. Se vuelve un insensato
II. Mejor sería no prometer
III. Hace enojar a Dios
IV. Vive sin temor al Señor

En la cultura judía era común hacer votos delante de Dios. Uno de ellos, el más conocido, era el voto nazareo, que consistía en dejar de consumir ciertos alimentos -todos los productos de vid: uva, vino y pasas- y no cortarse el cabello, en el caso de los hombres, para de ese modo consagrarse a Dios.

Había reglas estrictas cuando alguien hacía esa clase de obligaciones. Era un acto solemente su inicio y su conclusión. Quien se comprometía a entregarse por determinado tiempo al Señor, debía terminar su promesa en el tiempo que se había propuesto, no antes, ni tampoco después.

Ana, la madre de Samuel es ejemplo también de esta clase de votos o promesas, según leemos en 1º Samuel 1: 11 que dice así:

E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvdiares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos os días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.

Ella cumplió esta promesa según leemos en 1º Samuel 1: 1:24-27 en un ejemplo positivo de cuando alguien se compromete con el Señor y obra de acuerdo a ese compromiso hecho ante su persona. Pero cuando no lo hace entonces incurre en graves peligros porque desagrada a Dios.

I. Se vuelve un insensato

El verso cuatro de nuestro texto dice así:

4 Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes.

Cuando alguien le dice a Dios que hará algo y no lo hace de inmediato se coloca en un estado de insensatez. La definición de esta palabra en el hebreo es tonto o estúpido. Es decir es una expresión fuerte y peyorativa. El libro de Proverbios retrata claramente a esta clase de personas porque aborrecen el conocimiento y se deleitan en no saber nada.

No es cualquier cosa hacer un compromiso con Dios y no cumplirlo. Es en realidad una expresión de lo absurdo y sin sentido que puede convertirse la vida de un ser humano que en determinado momento se comprometió con el Creador, pero luego por alguna razón, se deshizo de esa obligación.

II. Mejor sería no prometer

En nuestro estudio el verso cinco dice así:

5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.

Es tan serio el tema de prometer y no cumplir, que Salomón ofrece una alternativa que evita caer en la insensatez y es que ante Dios te quedes callado y no hagas ninguna clase de compromiso. En realidad no estas obligado porque Dios no obliga a nadie. La fe es un acto completamente voluntario.

El mejor ejemplo de esta verdad la encontramos en la pareja del Nuevo Testamento llamados Ananías y Safira. Ellos tenía un terreno que estaba bajo su dominio. Lo vendieron y en lugar de dar el dinero correspondiente a la venta de su propiedad mintieron ante los apóstoles.

Pedro les recrimina su actitud y les dice que nadie les obligo a hacer una promesa porque Dios no obliga a nadie, pero ellos lo hicieron para mentir. Su castigo fue morir. Ananías y Safira son ejemplo, desde entonces, que no tienes obligaciones de comprometerte si no quieres hacerlo.

Algunos pensarán que es algo extremo que Dios sancione de esta manera esta clase de conductas, pero Eclesiastés nos presenta una realidad dolorosa entre quienes conocen a Dios.

III. Hace enojar a Dios

En el verso siete de nuestro estudio encontramos las siguientes palabras:

6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?

¿Por qué Dios se enoja tanto con quienes hacen promesas y no las cumplen? ¿Qué lo fastida tanto? ¿Qué es lo que enciende su ira de tal manera que puede destruir la obra de nuestras manos? ¿Por qué no hace una concesión y nos perdona y se olvida de lo que hemos prometido?

Dios nos ha dado mandamientos que tenemos que cumplir. Allí está su voluntad plasmada. Quien desee vivir una vida de bendición solo tiene que cumplir lo que allí está escrito, pero cuando se habla de una promesa es fundamental entender que estamos haciendo un compromiso y los compromisos con Dios son serios porque Dios es serio.

Dios nunca falla, siempre cumple. Pero cuando el ser humano no cumple, entonces, Dios tiene que castigar tal falta. El mejor ejemplo que podemos encontrar de este punto es la vida de Sansón.

IV. Vive sin temor al Señor

7 Donde abundan los sueños, también abundan las vanidades y las muchas palabras; mas tú, teme a Dios.

Ante Dios debemos hablar con sensatez. Debemos medir correctamente nuestras palabras. Ante Dios jamás se valdrá decir: no supe lo que dijo. No sabía a que me estaba metiendo o a que me estaba comprometiendo. Dios nos pide que pensamos bien lo que le decimos, pero todavía más que razonemos lo que le prometemos.

En libro de Eclesiastés encontramos en varias ocasiones el tema del termor de Dios. Aparece en 3: 14 y dijimos en esa ocasión que Dios siempre se reserva el derecho de hacerle ver al hombre su condición efímera para que aprenda a temer su nombre y lo estudiaremos en cada ocasión que aparezca en 8: 12-13 y 12: 13.

El temor a Dios, que es el respeto que debemos a su nombre y a su presencia, se manifiesta claramente cuando hablamos con propiedad, cuando cuidamos lo que decimos y tratamos a toda costa que se correspondan nuestras palabras con nuestras acciones, pero sobre todo cuando cumplimos lo que prometemos.

En un mundo donde se habla y se sueña mucho, estamos llamados a pensar y repensar lo que le decimos a nuestro Señor de esa manera demostraremos nuestro temor delante de su presencia.

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