La Biblia dice en Eclesiastés 7: 5-6

5 Mejor es oír la reprensión del sabio que la canción de los necios. 6 Porque la risa del necio es como el estrépito de los espinos debajo de la olla. Y también esto es vanidad.

Introducción

Salomón contrasta en estos dos versos las reprensiones de los sabios y las alabanzas, halagos o lisonjas de los necios para mostrar nuestra inclinación a los reconocimientos, aún cuando éstos vengan de personas sin solvencia moral o sin experiencia en la vida y el rechazo de las exhortaciones y llamados de atención de los sabios.

Desde los versos anteriores Salomón ha comenzado a comparar a esta dos clases de personas en las que ha dividido a los seres humanos. Para el rey sabio de Israel solo hay hombre y mujeres sabios y hombres y mujeres necios y todos nos plegamos a alguno de esos dos bandos.

En casi todos sus escritos Salomón aborda estos dos temas. En el libro de Proverbios encontramos desarrollado ampliamente esta temática que fue un asunto o tema de primerísima importancia para el autor del Eclesiastés porque muchos de los males de este mundo residen en la conducta necia de las personas y el olvido de lo que dicen los sabios.

El Eclesiastés o Predicador nos esta presentando un gran conflicto que se presenta en los seres humanos, una gran batalla e incluso una de las guerras internas más fuertes que se pueden tener. Estar dispuestos a recibir una exhortación, diponernos a aceptar una reprimenda por parte de una persona madura y con experiencia es todo un reto.

El hombre sabio es aquel que tiene conocimiento más que intelectual, de la vida. Ha vivido bien y ha enfrentado dificultades y problemas guiandose por medio de la Escritura y el temor del Señor y nos puede dar un gran consejo aunque con ello implique una reconvención o corrección que tenemos que hacer.

En cambio el necio es un individuo que va por la vida haciendo y deshaciendo de su existencia, sin la menor preocupación de saber si lo que dice o hace resulta de beneficio para sí mismo y para los demás. Es una persona pegada de sí misma, con recursos y sin ellos, no cambia su vida llena de insensatez.

Sus palabras son halagos que tienen como intención principal la zalamería y la adulación para ganar la voluntad de las personas, sin importar que en realidad lo único que busque sea hacer sentir bien a los demás, aunque la conducta de esas personas sea equivocada, él los hace sentir que están bien.

Salomón nos presenta el dilema que tenemos en la vida de hacer caso a las reprensiones de los sabios o acudir a los halagos de los necios. Por supuesto que pone a nuestra consideración los resultados de ambas decisiones. Implicitamente si oímos las exhortaciones de los sabios y explicítamente si nos dejamos llevar por los halagos necios.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Porque rechaza represiones sabias y acepta halagos necios

A. Las reprensiones del sabio duran
B. Los halagos del necio son efímeros

Los seres humanos tenemos una inclinación natural por los halagos y un rechazo por quienes nos censuran. Es una lucha que libramos día con día porque cuando alguien nos da un consejo por alguna irregularidad que ve en nosotros, generalmente lo rechazamos, pero departimos alegremente con quien nos halaga, aun cuando lo haga sin razón.

El Predicador apunta ahora a ese mal para enseñarnos que los seres humanos somos propensos a solo escuchar lo que nos agrada cuando se trata de nuestra conducta o de nuestra forma de conducirnos y que acallamos las voces críticas porque pensamos que tienen mala voluntad con nosotros.

Justamente allí reside el bien o el provecho de atender las palabras del monarca de Israel porque endulzar nuestros oídos con la adulación y la lisonja y silenciar a quienes nos confrontan con nosotros mismos es una grave equivocación que nos impide crecer como personas y nos coloca si no aún lado de los necios, sí en su nada honorable terreno.

A. Las reprensiones del sabio duran

Para entender la palabra reprensión nos resulta muy útil saber que la palabra hebrea “gearah” procede de la raíz “gaar” y se utiliza en Génesis 37: 10 cuando Jacob “reprende” a su hijo José por el sueño de las diez estrellas, el sol y la luna que se inclinan ante él. Allí el sentido de la palabra es regaño.

Se usa también en Rut 2: 16 cuando Booz instruye a sus trabajadores para que sean atentos con Ruth y no la “reprendan” cuando recoja manojos de cebada que ellos mismo dejaron caer. El sentido aquí es que no la avergüencen.

Salomón dice que las reprensiones del sabio son mejores que la canción de los necios. Es decir aunque sean duras o duelan porque se tornan como regaño y en muchas ocasiones hieren nuestro orgullo y nos hacen sentir humillados son mejores al cien por ciento porque son duraderas.

Digo que son duraderas porque se comparan con “la canción” de los necios una forma de llamar a los halagos de los insensatos que veremos más adelante, a los cuales se les compara “con las espinas secas incendiadas que producen un resplandor brillante y chasqueante, pero como la risa vacía de un tonto, el fuego se extingue rápidamente”, dice Ryrie.

Siguiendo esa comparación podemos decir que las exhortaciones, regaños y reprimendas de los sabios son como la leña que dura largamente a la hora de ponerse al fuego y ese el sentido que Salomón le otorga a las palabras de los sabios cuando se nos dirigen en forma de llamada de atención por nuestra conducta.

Tener alguien que nos confronte por lo que hacemos o decimos nos servirá mucho porque habrá de formar nuestro carácter e inevitablemente nos servirá para hacernos sabios porque aunque durísimas las reprensiones siempre servirá para corregir y mejorar nuestro estilo de vida.

B. Los halagos del necio son efímeros

Para recalcar esta verdad Salomón recurre a un ejemplo. Dice en el verso seis lo siguiente: 6 Porque la risa del necio es como el estrépito de los espinos debajo de la olla. Y también esto es vanidad.

Quienes viven en el campo comprenden cabalmente esta ilustración que la Biblia comentada “Nelson” explica así: las espinas encendidas proporcionarán llamas rápidas, poco calor y mucho ruido, como los repentinos estallidos de risa entre los tontos; hay más ruido que sustancia

Los halagos de los necios son momentáneos son fugaces, breves, pasajeros y en consecuencia nada aportan a nuestra vida porque tienen como finalidad justificarnos o hacernos ver que todo lo que hacemos esta bien e incluso engañarnos al pensar que nuestra conducta equivocada esta bien.

Por eso muchas personas se dejan guiar por esta clase de palabras. Los halagos forman parte de la manera en que algunas personas alcanzan u obtienen canonjías y beneficios, pero al final de cuentas lo único que producen en quienes las reciben es mal. Salomón establece una verdad muy útil: un adulador generalmente es un necio.

A lo largo de la historia del hombre sobre la tierra, se ha desarrollado una serie de pensamientos e ideas sobre este tema que es sumamente importante para todos porque todos estamos expuestos a esta clase de palabras.

“No se le debe elogio al que simplemente cumple con su deber y nada más”. – San Agustín

“Los aduladores se parecen a los amigos como los lobos a los perros”, ha sentenciado George Chapman, escritor inglés.

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