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sábado, abril 17, 2021
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El hombre rehúsa aprender de la adversidad

La Biblia dice en Eclesiastés 7: 1-4

Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento. 2 Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. 3 Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.
4 El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría.

Introducción

Salomón ha terminado su exposión de las riquezas y todas sus contradicciones y ahora se apresta a postular lo que es mejor para la vida del hombre. En su estilo proverbista, el autor del Eclesiastés nos ofrece lo que a su juicio constituye lo mejor que el hombre puede encontrar en su compleja existencia debajo del sol.

El Predicador tiene la intención de hacernos ver que lo obvio no siempre es lo mejor o en sentido contrario lo que para muchos es una desgracia, calamidad o desventura, puede en realidad ser el motor para un cambio y una profunda transformación de la existencia sobre este mundo.

La adversidad no necesariamente es un punto final. Salomón nos acerca a un enfoque distinto de la desgracia, la calamidad, el infortunio, la desventura, la desdicha y la fatalidad para que aprendamos de ella y así poder enfrentar esta vida que es precisamente remar contra corriente.

Son varios los temas que abordara en esta sección del libro y comienza con uno sumamente estremecedor y que defintivamente es un tanto desagradable. Hablar de la muerte casi a nadie le gusta porque deseamos profundamente vivir mucho y ocuparnos del tema cuando solo sea indispensable. La muerte es la más grande de las desgracias humanas.

Salomón se acercó a la muerte de una manera distinta a la que muchos filósofos lo han hecho. El monarca hebreo encontró pedagógico el fin de la existencia humana y lo plasmó con mucho ingenio para hacernos ver qu ese último evento humano puede ayudarnos a quienes nos quedamos luego de la desaparición física de una persona.

En México y en muchos países latinoamericanos, un sepelio o funeral constituyen momentos de una profunda desolación, el Predicador le pide a sus lectores que frente a ese suceso no deben perder la oportunidad de aprender y comprender el poderoso mensaje que envía a todos los vivientes.

El Eclesiastés afirma categórico que es mejor la muerte que el día del nacimiento en una especie de hipérbole para llamar nuestra atención. La muerte es, por así decirlo, para Salomón, el gran motor que detona un profundo tiempo de reflexión frente a la sinrazón humana, propia de los insensatos.

El luto de amigos y familiares y aún de desconocidos, puede servirnos infinitamente para aprender muchas y variadas lecciones. Eso es lo que se propone Salomón en estos versos.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Porque rehúsa aprender de la adversidad

A. Rechaza el luto y aprecia el banquete
B. Aprecia la risa y rechaza la tristeza
C. Ignora que un funeral puede ser aleccionador

Este capítulo comienza hablando de la buena fama que un hombre puede alcanzar en vida. La reputación, honorabilidad y honra sirve para comenzar a abordar el tema de la muerte y hacernos ver que la desaparición física de una persona puede convertirse en realidad en una ocasión de homenaje y reconocimiento por su aportación a su sociedad.

Para una persona que vivió cuidando su reputación y su honor el día de su muerte es mucho mejor que cuando nació porque al momento de venir a este mundo llegó sin nada y solo se alegraron porque llegó. Pero cuando muere es mucho más grande porque se reconoce lo que hizo con su existencia.

Salomón nos va a conducir a una perspectiva completamente diferente de la adversidad. La idea que nos transmite en estos versos que estudiamos es que podemos encontrar lecciones de vida en aquellas situaciones penosas que parecen poner fin a nuestros sueños y anhelos.

Las palabras que el autor del Eclesiastés nos dirige en estos versos nos llevan a levantarnos por encima de todos aquellos incidentes donde quedamos arrinconados o reducidos a casi nada tanto en lo material como en lo emocional y encontrar una respuesta positiva a lo negativo.

No. Eclesiastés no es un libro de superación personal. Es una obra cargada de extremado realismo. Es un volumen de la Escritura redactado para hacernos conocer la naturaleza de la experiencia humana. Y de esa forma aprender a lidiar con ella y procurar no caer derrotados cuando se presenta con toda su crudeza.

Salomón busca que encontremos lecciones donde nadie más las ve. Quiere que entendamos que el infortunio o desgracia puede ser una palanca para avanzar y no un tropiezo para siempre.

A. Rechaza el luto y aprecia el banquete

El verso dos de nuestro estudio dice así:

2 Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón.

Un funeral puede resultar más aleccionador que un banquete. Esa es la idea que nos comparte Salomón. Y nos dice la razón de su dicho. Un sepelio es el fin de todos los seres humanos y los que quedan vivos recordaran que al igual que esa persona que falleció ellos también un día llegarán a concluir su paso por este mundo.

No es que se trate de buscar funeral tras funeral para llegar para aprender, sino más bien de entender y comprender que una adversidad como lo es la muerte puede servirnos en demasía para corregir nuestra acelerada vida y detenernos para reflexionar y meditar sobre nuestra propia vida.

La casa del banquete es una manera de llamar a ese apego que todos tenemos de solo disfrutar la vida y evitar a toda costa los sufrimientos que a ella llegan. Hay personas que pretenden que la vida sea solo un carnal exento de dificultades y eso no es posible. La vida en sí es un reto y el sufrimiento va incluido.

La disyuntiva en la que nos pone Salomón es simple: reflexionar con la adversidad o disiparnos con el entretenimiento. Los seres humanos luchamos por no darnos por vencidos cuando las cosas salen mal. En diferentes momentos nuestra existencia se ve sometida a situaciones fuera de nuestro control.

Esas deben convertirse en oportunidades para mejorar nuestro carácter y hacernos mejores seres humanos. Pero si en lugar de confrontarnos con esos malos tiempos optamos por solo buscar aquello que nos genera placer, estamos perdiendo la posibilidad de ganarle a la adversidad.

Salomón quiere, no que busquemos la adversidad, sino de aceptarla cuando llegue y sobre todo que no escapemos de ella.

B. Aprecia la risa y rechaza la tristeza

El verso tres del pasaje que meditamos dice así:

3 Mejor es el pesar que la risa; porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.

Para Salomón es mejor llorar que reír porque con el llanto maduramos. No se refiere a llorar por llorar, sino a aquellas lágrimas que derramamos cuando todo nos sale mal. Ese gran pesar nos ayudará a enmedar el corazón, en otras palabras pulirá nuestro carácter de una manera más refinada.

De nueva cuenta el Eclesiastés nos pone en un dilema: la risa o el llanto. Divertirnos o sufrir. Pasarla mal o escapar de los infortunios. La idea del Predicador es que debemos resistir y mantenernos hasta que la tormenta haya pasado, aunque tengamos la tentación de huir de nuestro llanto y refugiarnos en la risa.

C. Ignora que un funeral puede ser aleccionador

El Predicador termina con una aseveración muy estrujante:

4 El corazón de los sabios está en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa en que hay alegría.

La sabiduría radica en aprender a enfrentar los problemas y dificultades y la necedad en quejarnos de ellos. Salomón usa el ejemplo de un funeral o sepelio para establecer un paralelismo entre aquellos que resisten los días malos y aquellos que huyen de ellos y se refugian en todo aquello que los hace sentir bien.

El tema de sabios e insensatos es un asunto que Salomón aborda tanto en el Eclesiastés como en el de Proverbios. A través del tema de la muerte, el luto, el sepelio y todo lo relacionado con la desaparición física de una persona, nos lleva por la necesaria lección de las adversidades.

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