La Biblia dice en Eclesiastés 10:19

Por el placer se hace el banquete, y el vino alegra a los vivos; y el dinero sirve para todo.

Introducción

El Predicador fue un hombre inmensamente rico. Su fortuna fue enorme. Si la revista Forbes, que enlista a los hombres más ricos del planeta, hubiera existido en el tiempo de Salomón con toda seguridad y sin falta lo habrían colocado siempre en uno de los primeros lugares.

El dinero es un tema que el Eclesiastés ha abordado a lo largo de su enseñanza. Lo ha hecho para decirnos que las riquezas pueden jugarnos rudo cuando las convertimos en el objetivo de vida o propósito de nuestra existencia porque al final nos percataremos que son vanidad de vanidades.

En este verso que ahora estudiaremos, Salomón nos ofrece una perspectiva de lo que para muchos constituye el dinero: un reducto de placer y consumación de deseos hedonistas para hacer de la existencia una mera experiencia de los sentidos sin ningún interés de cultivar otra clase de virtud a través de los tesoros materiales.

La Escritura es demasiados explícita cuando se trata del dinero. En ningún modo censura que las personas tengan riquezas. Ese no es el problema. El problema está básicamente en la forma de obtener el dinero. Si las personas se enriquecen robando, extorsionado, defraudando o cometiendo toda clase de inmoralidades son señaladas.

Pero aquellos que con su esfuerzo y dedicación obtienen dinero, con negocios lícitos o actividades comerciales con ética y obtienen grandes fortunas no hay ningún problema. Muchos patriarcas fueron muy ricos como Abraham, Isaac, Jacob y el propio Job que tuvieron mucho dinero.

La segunda razón por lo que la Biblia sanciona a los ricos es por el destino que le dan a su dinero y es justamente el tema que en este verso toca el Predicador: el dinero como fuente inagotable para el placer y la complacencia de deseos que dañan la vida de las personas porque no solo sirven para ellos mismos y no para otros.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Porque las riquezas lo desvían

A. Cuando solo las usa para el placer
B. Cuando cree que resuelven todo

Uno de mis autores favoritos es el escritor alemán Bruno Traven que estuvo en México durante las primeras décadas del siglo XX y escribió y describió la brutal desigual social que privaba en México. Gracias a su pluma conocemos de primera mano la infame explotación que vivieron los indígenas totziles y chamulas de Chiapas.

Las condiciones infrahumanas en que los tenían los finqueros y hacendados fue relatada en su estupenda novela La rebelión de los colgados, que da cuenta de la manera en que los poderosos ricos de Chiapas hacían que laboraran en jornadas extenuantes de 16-18 horas con un pago magro que solo los hacían endeudarse más y más con las casas de raya.

Una de sus extraordinarias novelas es sin duda es La rosa blanca en la que nos ofrece la forma injusta y perversa con la que las grandes compañías petroleras de Estados Unidos se hacían de grandes extensiones de tierra donde perforaban pozos y que compraban a precios risibles y en ocasiones se hacían de ellos de manera muy poco legal.

Es justamente esa novela la que me vino a la mente cuando leí este texto que hoy meditamos. El personaje principal de esa obra es un norteamericano que hace del dinero su dios. Que no le importa absolutamente nada con tal de obtener dinero, dinero y más dinero.

La razón: no porque sea pobre, tenga una familia numerosa o se dedique a la filantropía. Nada de eso. Tiene a su esposa, pero mantiene dos grandes romances con sendas mujeres a las que tiene que cumplirles cuanto capricho se les ocurra porque de lo contrario la relación con ellas corre el peligro de romperse.

En realidad el dinero que obtiene por medios no precisamente éticos o lícitos, le sirve para sostener o mantener su tren de vida que incluye por supuesto su membresías el mejor club social donde vive, una casa extremadamente lujosa y cualquier clase de placer que se le cruce en el camino.

Míster Collins, presidente de la Condor Oil Company es el ejemplo claro que el exceso de dinero no necesariamente hace a los seres más honorables o más justos, al contrario los convierte en seres oscuros que con tal de conseguir contratos para amasar y amasar más tesoros pueden recurrir a inmoralidades y delitos.

Pero la historia de Mr. Collins la podemos encontrar en cualquier país de este planeta, la podemos encontrar en México y por supuesto la podemos encontrar en Oaxaca.

A. Cuando solo las usa para el placer

Salomón dice en la primera parte del texto que hoy meditamos:

Por el placer se hace el banquete, y el vino alegra a los vivos.

Comer y beber es una de las cosas que el mismo Salomón recomienda para enfrentar las grandes ilusiones y desilusiones de esta vida, pero estas dejan de tener su efecto cuando se convierten en fines y no medios. Es decir la finalidad de comer y beber o disfrutar del fruto del trabajo es justamente detener nuestras actividades y gozar con racionalidad lo ganado.

Pero en este verso el sentido es utilizar el dinero solo para el placer o solo para gozar de este mundo, sin considerar para nada la austeridad, sino derramar y desperdiciar las riquezas en la búsqueda de una felicidad que no llegará porque se ha puesto como fin y no como un medio beber y comer.

No se trata de una contradicción de Salomón, al contrario se trata de un complemento. Nunca será lo mismo disfrutar la vida, que vivir solo para disfrutar la vida en placeres y deseos engañosos poniendo al dinero como el gran sostenedor de una existencia exclusivamente dedica para los sentidos.

Cuando uno aborda este tema, mucha gente piensa que la Escritura está en contra de disfrutar de la vida. Nada más equivocado. En realidad la palabra de Dios nos pide disfrutar del fruto de nuestro trabajo. Una vida sin haber saboreado la exquisitez de una comida es sin duda alguna una tragedia.

Pero es más trágico todavía conseguir dinero a como de lugar solo para experimentar placeres sin reparar en la forma en que se obtienen las riquezas, es decir hacer dinero solo para gozarlo en actividades que lejos de redituar una vida tranquila y en paz, sumerge en la ostentación que trastornan y desvían a los seres humanos.

Es obvio que se llega a este punto por la concepción que se tiene de la vida. La vida puede plantearse como un oportunidad para disfrutar de todo sin medida y sin límites o una vida en la que se pueden disfrutar las cosas siempre con un sentido de responsabilidad y cuidado con uno mismo y con los demás.

B. Cuando cree que resuelve todo

La segunda parte del texto que hoy meditamos dice de la siguiente manera: “y el dinero sirve para todo”.

He de reconocer que este texto es uno de los más complejo de Eclesiastés. Lo digo porque la versión Dio Habla Hoy lo traduce así: “El pan es para disfrutarlo, y el vino para gozar de la vida, mas para eso hace falta dinero.”

La versión la Biblia de la iglesia en América lo hace así: “Hay banquetes para disfrutar y vino para alegrarse, y el dinero soluciona todo.”

A mi juicio Salomón utiliza la última parte del verso de manera irónica para señalar lo equivocado que puede estar un persona al momento de pensar que el dinero soluciona todo los males. De hecho si así fuera sería una injusticia de parte del Señor que solo unos cuantos en el mundo fueran ricos.

En realidad lo que trata de hacernos ver el Eclesiastés es el gran error de pensar que el dinero lo resuelve todo. El dinero, dice un proverbio judío, es un gran siervo, pero un pésimo amo. El sentido de estas palabras es que sí con el dinero se puede ayudar y hacer bienes, siempre y cuando se ponga al servicio de causas nobles.

Pero el dinero también puede ser sumamente dañino cuando se convierte en un amo que domina la vida de las personas y las convierte en seres avaros y codiciosos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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