La Biblia dice en Eclesiastés 12:12-14

Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne. 13 El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.

Introducción

El libro de Eclesiastés termina con una conclusión. Después de haber disertado sobre el sentido de la vida, señalando que la existencia humana transcurre en vanidad de vanidades, una ilusión, una quimera, una utopía llena de contradicciones, rebosante de dilemas y sobre todo harta de situaciones sin sentido, Salomón nos ofrece una razón de vida.

Si toda la vida del hombre transcurre de esa forma, si ha de verse siempre perplejo ante el futuro porque del porvenir solo tiene la certeza de la muerte y si solo el presente es suyo, porque el pasado ha dejado de ser y el futuro no se sabe si vendrá o llegará, ¿cuál, entonces, es la razón o a qué verdad asirse en este mundo?

En un mundo lleno de espejismos como el dinero, el placer y el conocimiento que hacen fácil extraviarse para encontrar el sentido de la vida, debe existir un propósito o una razón para vivir. De lo contrario el hombre está condenado a pasar sobre este mundo de idéntica manera en la que pasa cualquier otro ser vivo.

Salomón resuelve una de las grandes interrogantes que los hombres se han hecho desde hace siglos: ¿Cuál es el propósito de la vida?, ¿para que llegamos a este mundo? y ¿cuál es el sentido de vivir si ante nosotros la realidad nos abruma, nos aturde ante tantos acontecimientos para los que no tenemos explicaciones?

Ese es el gran valor de este libro de la Biblia, nos ayuda a pensar sensatamente, a ver la vida desde una perspectiva completamente distinta porque no nos deja simplemente con la consideración de que todo es vanidad de vanidades, sino que nos ofrece una alternativa suficiente para enfrentar el reto de vivir.

Saber qué es lo que tenemos que hacer con nuestra existencia es demasiado útil en un mundo donde escuchamos tantas teorías, postulados, ideas y propuestas, incapaces de llenar plenamente el corazón de las personas de tal manera que aún haciendo esto o aquello siguen vacíos o debatiéndose entre lo vano y lo eterno.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno
Porque le cuesta trabajo encontrar el fin de la vida
A. El fin de la vida no es el conocimiento
B. El fin de la vida es temer a Dios
C. El fin de hombre es obedecer a Dios

¿Cuál es el fin de esta vida? ¿Para qué nacemos, crecemos y vivimos? ¿Tiene un propósito nuestra existencia? ¿Cómo podemos descubrir la razón por la que hemos llegado a este mundo? ¿Podemos en realidad entender la finalidad por la que pisamos este mundo? O ¿estamos condenados a vivir por vivir?

Estas interrogantes que surgen de la lectura y meditación del libro de Eclesiastés tienen respuesta en la conclusión que el Predicador nos da al final de su disertación que escribió y que tiene como finalidad hacernos pensar, reflexionar y meditar a fin de despertar en nosotros que la realidad es cruda, pero combatible.

A. El fin de la vida no es el conocimiento

No se trata de fomentar la incultura o despreciar el estudio y el desarrollo personal que viene de estudiar. Nada de eso. La intención del autor de Eclesiastés es decir que puede seguir escribiendo más de sus observaciones que encontró en este mundo, pero que lo escrito es suficiente.

El verso doce de nuestro estudio dice de la siguiente manera:

Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne.

En otras palabras con lo escrito en los doce capítulos en que esta dividido el libro de Eclesiastés las personas pueden ser amonestadas o exhortadas, en otras palabras con lo redactado se podía aprender ampliamente sobre el sentido que tiene la vida sobre este mundo tan injusto.

Definitivamente el estudio es cansado y el cuerpo resiente pasar horas y horas estudiando la materia que sea. Esa es una verdad, pero no quiere decir que se tiene que renunciar a ello, en realidad la inteción del Salomón es subrayar que su Eclesiastés reúne el suficiente material para comprender la existencia humana en este planeta.

Se trata de ofrecernos un resumen muy sintetizado de lo que el hombre debe conocer, pero cuando lo sepa o conozca deberá atender lo que Dios ha revelado y que invariablemente lo conducirá a buscar con ahínco, esperanza y sumamente motivado la razón de su existencia desde otra perspectiva.

Nos alista así para lo que a continuación nos va a decir.

B. El fin de la vida es temer a Dios

Salomón no discurre en teorías, ni en postulados sin comprobación. No cae en especulaciones para encontrar el sentido de la vida. A diferencia de filósofos y pensadores de todas las épocas el Predicador define con toda claridad el fin del ser humano sobre esta tierra.

El verso trece no es una propuesta, tampoco una tesis, ni mucho menos una especulación para encontrar el sentido de la vida. Todo lo contrario es una afirmación categórica sobre el propósito del hombre sobre este mundo. Salomón afirma lo siguiente:

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.

El hombre debe temer a Dios. La criatura frente a su Creador debe tomar dos actitudes: respetarlo, honrarlo y darle su lugar. Solo de esa forma encontrará sentido a la vida. De esa manera no se extraviara en el sinuoso camino de la vida. Honrar tiene la idea de respeto, de darle su lugar a Dios de no usurpar el sitio que tiene Dios.

El hombre fue creado, no se creó a sí mismo y en esa condición cuando vuelve o se reencuentra con su Creador entonces la razón o finalidad de su existencia se torna fácil de comprender. Alcanza, así, la dirección y conducción que necesita su vida y deja de vivir extraviado.

La conexión del hombre con Dios es lo que le permite a la humanidad si no entender totalmente lo complejo de la existencia humana, por lo menos encontrar en su fuero interno la tranquilidad de saber que Dios está en control de todo lo que sucede y que en su infinita sabiduría no se equivoca.

C. El fin del hombre es obedecer a Dios

Salomón es claro al afirmar que el fin del hombre es guadar los mandamientos del Señor. Hay en la Escritura las instrucciones precisas para vivir. Encontramos en los mandamientos de Dios los estatutos para bien vivir, son lámpara para alumbrar las aterradoras tinieblas que hay en este mundo.

Dios tiene un plan para cada hombre y este se cumple cuando el hombre se pone en sintonía con Dios. No puede ser de otra manera porque la criatura no tiene ni la facultad ni la fortaleza para sobrevivir ante los grandes embates que vienen a la vida sin previo aviso y sin anuncio alguno.

El Eclesiastés remata este texto con una advertencia para todos: los hombres serán juzgados por lo que hagan en esta vida. El hombre no pasa solo por pasar en este mundo. Pasa con un propósito y en función de lo que hizo con su vida se presentará ante el tribunal divino.

El último verso de este estudio dice así:

Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.

Es decir podemos extraviarnos en este mundo y si eso ocurre seremos juzgados, podemos encontrar el verdadero camino en esta vida y entonces también seremos juzgados, pero el resultado será completamente diferente.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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