La Biblia dice en 1ª Corintios 4:3

“En cuanto a mí respecta, muy poco me preocupa ser juzgado por ustedes o por algún tribunal humano. Ni siquiera yo mismo me juzgo.”

Los seres humanos tenemos muy marcada la tendencia a juzgar a otros. La palabra juicio signifca emitir un juicio o calificar una conducta o condenar una acción por encontrarla en nuestra manera de ver las cosas, como mala, equivocada o dañina. Hombres y mujeres contamos con un tribunal popular, pero también con tribunales de justicia especializados.

Pablo incluye uno más en el verso que hoy meditamos, el juicio personal. El que cada persona se hace a sí misma y mediante el cual se condena o se justifica. Generalmente todos nos justificamos y nos declaramos inocentes aunque seamos culpables porque muchas veces somos muy, pero muy, indulgentes con nosotros mismos aunque con otros somos hiper severos.

Según leemos en este texto a Pablo no le interesaba mucho el juicio ni de la gente ni la de los tribunales humanos, y ni siquiera el juicio personal que pudiera tener de sí mismo y con ello no quería decir que viviera fuera del ordenamiento cristiano, al contrario siempre ha sido un ejemplo para toda la cristiandad, pero no se juzgaba por sí mismo.

Aunque tenía todo el derecho de hacerse una introspección para conocer su condición ante Dios, él optó por no hacerlo y de igual modo hizo con los creyentes de Corinto que eran muy dados a juzgar y también no le interesó el juicio de los tribunales humanos donde con dinero se exonera al culpable y se condena al inocente.

A Pablo no le intesaba lo que dijeran de él o lo que él mismo dijera de su persona por una razón fundamental: el juicio de los hombres es muy limitado, se concentra exclusivamente en lo que perciben sus sentidos: vista, tacto, olfato, oídos, pero no más, lo que lo hace sumamente falible.

En cambio Pablo apela al juicio divino. Y lo hace porque el que mejor conoce el camino de cada persona es Dios y determina el castigo o el premio que merece ese hombre o esa mujer, ya que los seres humanos muchas veces premiamos a quien no lo merece y castigamos a quien es inocente.

Pablo nos lleva de esa manera a pensar en que debemos esperar el juicio que vendrá para cada persona y no apresurarnos a calificar a los demás, será Cristo quien juzgue perfectamente.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario