La Biblia dice en Gálatas 1: 1

“Pablo, apóstol no enviado ni nombrado por los hombres, sino por Jesucristo mismo y por Dios Padre que resucitó a Jesús.”

Una de las acusaciones favoritas de los judaizantes contra el apóstol Pablo es que su predicación carecía de autoridad apostólica porque no formó parte del grupo de los doce. De esa formaban pensaban que minaban la predicación del encargado del evangelio a los gentiles, pero eso no desalentaba a Pablo de ningún modo.

Los señalamientos contra Pablo tenían como fin quebrarlo y sobre todo detener la predicación de las buenas nuevas de salvación, pero Saulo de Tarso tenía un sólido argumento contra quienes lo descalificaban y lo maltrataban como si su mensaje fuese un invento suyo o nacido de su humana mente. 

Su base para combatir a quienes se le oponía y resistían era sencillo: fue Jesucristo mismo y Dios Padre quien lo envió. No fueron los doce, la iglesia de Jerusalén o la congregación de Antioquía. Con ello se sobreponía y trascendía a quienes minaban su persona y el mensaje que se le había encargado. 

Pablo estaba completamente convencido de esta verdad. Fue llamado por Cristo. No fueron sus emociones o un llamamiento de hombres para encargarse de llevar la palabra de Dios a pueblos y naciones entregadas a la idolatría y no hubo poder humano que lo movió de esa posición que no solo lo confortaba, sino lo alentaba y lo animaba. 

Y eso le escribe a las iglesias de Galacia que fueron infectadas con el virus de los judaizantes que si bien aceptaban a regañadientes a los gentiles, consideraban que debían someterse a los preceptos de la ley mosaica para alcanzar la salvación, algo inaceptable para la predicación de gracia que a Pablo se le encargó. 

El apóstol Pablo tuvo muchas contrariedades con los judaizantes, porque lo persiguieron, hostigaron y denostaron, pero siempre mantuvo en su corazón que él servía al Señor por un llamamiento, no por dinero, no por encargo, no por tratar de quedar bien con los hombres, sino con el Creador. 

Pablo no se movió un ápice de su predicación porque estaba consciente de que fue puesto allí por Dios. No por los hombres. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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